jueves, 14 de agosto de 2014

Quejas de rutina

  ¿Ya es lunes? Ni cuenta me di. Parpadeo mientras bostezo e intento que no se me caiga ningún sueño mientras me visto. Agarro el documento, la maldita sube que tan imprescindible me es ya y salgo. Bajo los escalones con la posibilidad en mente de que me tropiece y muera, pensamientos de lunes. Y el colectivo pasa mientras el chófer con una sonrisa burlona me mira como diciendo: "seguí participando". Y lo hago, sigo esperando, porque como muchos, tengo la urgente prioridad de llegar a un trabajo de mierda donde no me pagan nada. Y en ese viaje de poco más de una hora veo rostros cansados, cruzamos miradas y nos odiamos sin conocernos. Leo mi libro, procuro no ver a nadie, prefiero creer durante un rato que todo esto es solo una etapa. Y de pronto, el pánico, la horrible visión de llegar a los 40 años y seguir igual hace tambalear mi cordura. Sacudo mi cabeza y me recuerdo que aún estoy a tiempo, que las cosas pueden cambiar. Me enamoro un par de veces, no conozco sus nombres y aunque me interesaría conocerlos, ellas no sienten el mismo interés por mi. Pero no hay caso, no por esta soledad voy a frenar mi compromiso con sentirme para la mierda. Y mientras cruzo parque centenario me pregunto si es normal esta pena, si el resto de las sonrisas son tan fingidas como la mía. Debe ser el colectivo, la rutina consigue colocarlo a uno ante su más negativo rostro. 
   Así es como dejo atrás por un rato mis ganas de asesinar al mundo y llamo a la cancha a mis ganas de vivir y reír. Mis desamores ahora me provocan risa, y me río del colectivo que pasó y me dejó de recuerdo un pantalón lleno de sanja. Me río de la gente que se abalanza hacia el fondo del colectivo como huyendo de algo, o buscando algo. Me río de que mi jefe me fume los cigarrillos, y del descontento de mi compañero con la vida. Me río de la monotonía, de la rutina, hasta que recuerdo que nada cambia. Aunque todos te aseguren que todo esto es una etapa de tu vida, esto solo es verdad si vos mismo lográs que así sea. Yo no voy a seguir regalando mi tiempo, ni voy a seguir desperdiciando momentos. Y el día de mañana me encontrará libre, rodeado de quienes disfrutan que los disfrute, de las mismas ansias de querer conocer el mundo que poseo desde que tengo memoria. 
  Que utópico y soñador puede ser uno cuando se encuentra atrapado en un mundo que no le agrada, pero después de todo: ¿Quién no odia un poquito a todos? Si es ese sabor amargo del desear que una bomba destruya todo lo que nos mantiene cuerdos cuando no hay más lugar en el subte. Es esa esperanza de que una tormenta de fuego o una plaga de zombies nos condene a todos lo que nos da un segundo respiro cuando te enteraste que cortaron el puente Alsina porque no les parece suficiente lo que el gobierno les paga por reproducirse como conejos. Pero, ¿Sabés qué? Aumentaron de nuevo el boleto, y ahora pago $3,50 todos los días de ida y $3,50 de vuelta, ¿No te alegra el día eso? Y no te olvides de que aquél tipo de mirada sospechosa te está siguiendo hace tres cuadras. No parece querer tener una charla amistosa, diría yo que está mirando tu celular. Pero no vayas a negárselo, no sea cosa de que te vuele los sesos de un tiro. Porque si mueres, algún comisario se quejará de tener que acudir a su deber. No vayas a complicarle la vida a nadie, y tratá de no manchar el piso con sangre, porque alguna criada suspirará por tener que limpiar el desorden. Mejor sigue caminando, no es tan malo. 
  Ahora lo recordé, ¿Te conté que aumentaron la factura del celular? Pero no te va a alcanzar el crédito, por si tenías la duda aún. Internet no es tan barato como parece en los comerciales. Y para emparejar, también aumentó el gimnasio. Así es, llegar al verano en forma te va a costar $300 por mes, lo cual para alguien como tu jefe no sería mucha plata, pero...vos no sos jefe de nadie, solo de vos mismo y aún así, a veces ni vos mismo te hacés caso.

  Disculpá, no era mi intención recordarte lo miserable que puede ser nuestra vida, es solo que tenía ganas de no ser el único pesimista en este ascensor que va directo al fracaso y a la frustración. Pero hasta la que atiende en el kiosco me ignoró, así que mientras espero humillado en un costado que me vea allí parado, imagino una lluvia de balas destrozando sus góndolas, su mostrador. Imagino la forma más fácil de ir a Alaska, y me veo en alguna estúpida fantasía corriendo por algún verde prado, sin horarios, sin rutina, solo con deseos por cumplir. Pero bueno, ya van a ser las seis de la tarde nuevamente, y ya no hay tiempo para ver libros en la calle, ni para tomar una cerveza con un amigo. Ya no hay tiempo para escribir un libro, ni para ir al cine. Porque el colectivo viene otra vez lleno, y la señora a la que le cediste el asiento continúa pegándote con el bolso, y mientras me quedo sin tiempo para encontrar el amor, me va viniendo el sueño a acompañarme. Bueno, a comer y contestar de mala gana para dormirte temprano, no te olvides de preguntarte mientras mirás la luna sobre el sentido verdadero de la vida y la superficialidad de esta sociedad. Ahora dormí, y no molestes a nadie con tus quejas, porque mañana a las seis y media tenés que estar arriba y esperando el colectivo, e intentá no llegar tarde esta vez. 

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