Ya ni siquiera las
energías se me presentan para traer dolor. No siento tristeza, no siento
desilusión, solo cansancio. Cansado de ver las esperanzas escurrirse entre mis
dedos, cansado de tener que aguantar decepciones, cansado de contemplar la
noche no por su belleza, sino en busca de respuestas. Estoy cansado de fallar,
de que no se recompensen mis buenas intenciones, de que la moneda nunca caiga
como quiero. Estoy cansado de fingir, de bailar al son de las canciones de
otros, cansado de suspirar. De ignorar fantasmas que me clavan al suelo cuando
quiero olvidar. Cansado de que nada salga como espero y de tener que torturar
la poca sanidad mental restante pensando en gente que no piensa de igual manera
en mi. Quizás el cansancio no sea del todo negativo, quizás sea el precio a pagar
por la inmunidad del alma. Sea así o no veo necesario decir, que a veces parece
un precio bastante caro.
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