¿Es este el mismo tren
al que me subí hace ya tanto tiempo? Todo parece indicar que sí. Son los mismos
asientos, el mismo olor a lluvia que atraviesa la ventana mientras anochece,
los mismos vagones, iguales entre ellos, pero hay una diferencia. No son los
mismos pasajeros, el tren sigue avanzando pero los vagones se vacían, comienzo
a pensar que seré el último en bajarme. Pero bueno, eso no importa por ahora,
tengo que intentar concentrarme y recordar hacia donde estoy viajando. Recuerdo
un sentimiento de miedo, eso fue lo que me impulsó a subir al tren. Recuerdo
estar a punto de llorar, y mirar a todos lados buscando algo, pero no sé qué
¿Me habré subido buscando una simple compañía? Sí, eso debe ser, me sentí tan
solo que hasta la presencia de extraños en un tren me hacía sentir mejor.
Bueno ya tengo el porqué de mi viaje, pero aún me falta saber hacia donde voy.
Y ese es mi verdadero temor. Podría terminar en cualquier lado, incluso podría
estar peor que antes de subirme a este maldito tren. Sigue anocheciendo, cada
vez hay menos personas, unos pocos solitarios como yo me hacen compañía en esta
fría noche. Sus ojos están rojos, como si hubiesen llorado durante horas, sus
labios tiemblan, como si quisieran volver a hacerlo, me pregunto: ¿Me veré yo
también de esa manera? Por algún motivo me volvió el miedo que sentía antes de
subir al tren, y de a poco comienzo a recordar todo. Sí, ahora lo recuerdo
bien. No quería subir al tren, quería arrojarme delante de él, que mi vida se
extinga al sonido de los gritos de miles de extraños. Pero me detuve a último
momento, acobardado y subí, esperanzado de que este viaje de alguna manera me
devuelva las ganas de vivir. Pero no es así, mis ganas de vivir se extinguieron
hace tiempo. Bueno, ni modo, tendré que pasar la noche en algún bar y a la
mañana esperar otro tren, a ver si de una vez por todas tengo el valor de
acabar con mi vida.
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