No va más. El tren
para acá y no pienso seguir su recorrido. Bajo decidido a frenar toda esta
locura. Me rodea un pueblo habitado por mis dolores, mis miedos y decepciones.
No va más. Esto no puede seguir, ante mi se presenta un anfitrión de porte
elegante, me dice llamarse resignación y me invita a formar parte de la
población que tan tristemente decora el paisaje. No pienso continuar, estoy
demasiado hastiado de que las cosas no salgan como lo planeo. Estoy harto de
ver mis buenas intenciones ser pisoteadas en pos de gente que no vale nada. Mi
buen humor se despide cordialmente, me dice que me encontrará en el siguiente
poblado, donde viven mis sueños y esperanzas. Le digo que pronto nos
reencontraremos, le estoy mintiendo. No conocen realmente mi sufrimiento, aquel
dolor de alma que me abre las puertas de su casa con amabilidad. Lo único que
me queda por decir es que esto se termina acá. No más buenas intenciones, no
más amores sinceros ni desnudar el alma ante antes. Los habitantes del pueblo
me preguntan por mi demonio anterior, hago de cuenta que no oigo y sigo
caminando. Pero lo saben, saben que el mal forma parte esencial de este
corazón, saben que la barrera que le prohíbe salir es cada vez más débil. Me
siento tentado a dejar que fluya, esto no da para más. El que avisa no
traiciona, pero no tengo ganas de avisar.
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