jueves, 14 de agosto de 2014

Macabro viaje por una mente perturbada pt. 1

 Desde las alturas, en aquél desolado balcón, observaba la calle. Aquella gran avenida por la cual a diario transitaban miles de personas, sin siquiera notar su presencia. Allí pasaba las noches, llenando su corazón de odio, su mente de pensamientos aterradores, porque después de todo, solo deseaba ver sufrir a aquellas personas. No es que le hubiesen hecho nada particularmente malo, simplemente los odiaba. 
  Odiaba al ser humano, desde aquellas personas que le resultaban completamente desconocidas, pasando por su familia y conocidos, para terminar con él mismo. Desde que tiene memoria ha sido obligado a vivir en un mundo en el cual no encuentra lugar. Fingiendo sonrisas, conteniendo impulsos asesinos, ese era su día a día. Pero esa noche, había algo distinto. Una tensión capaz de crispar los cabellos de cualquiera se camuflaba en el aire. Como si algo fuese a pasar, algo o alguien.
  Una sombra comenzó a tomar forma detrás suyo, una forma similar a la de un humano, pero a su vez, mucho más tétrica. Parecía ser que a el no lo sorprendía esta figura que tan amenazante se posaba a sus espaldas, sino que, parecía haberla estado esperando.
-Tardaste más de lo que habíamos acordado.- Dijo él con un tono de disgusto.
-No me culpes, tenía que atender algunos asuntos antes de comenzar con este pequeño show.- Respondió la sombra, a la vez que en su horrible rostro se dibujaba una ligera sonrisa con tintes macabros.
 A continuación, la figura cortó la palma de su mano, con una de las afiladas uñas (o garras) que anunciaban el final de sus extremidades, dejando caer al suelo pequeñas gotas de sangre que formaban un pequeño charco. La sangre siguió cayendo de su mano, a la vez que ambos, tanto aquel decidido espectador de la humanidad como aquella silueta no se quitaban la mirada de encima, como si los dos estuvieran esperando que el otro hiciera algún movimiento.
 Una vez el suelo se vio repleto de sangre, el oscuro intérprete prosiguió diciendo:
- Tú, que te has hastiado del ser humano. Tú, el que se cansó de odiar a esta patética especie sin poder hacer nada significativo en su contra. Tú, que no temes entregarte a la maldad, serás recompensado. Se te otorgará el poder de las tinieblas, un poder con el cual las personas normales ni siquiera se atreverían a soñar. Serás el portador de una oscuridad capaz de arrasar ciudades enteras y reducirlas a cenizas. Serás el señor de las bestias, de los demonios que habitan los rincones más temibles del inframundo. Solo aquel que haya pasado los 5 castigos podrá pararse sin miedo frente a ti. Solo él podrá diezmar a tus legiones y solo él supondrá un peligro para tus planes. Sin embargo, deberás cruzar el mismísimo infierno, y deberás pagar un precio que muchos considerarían alto. Perderás la poca humanidad que aún conservas y créeme, sufrirás más de lo que piensas.
- Hablas demasiado para ser un demonio, ¿No te lo habían dicho? Simplemente llévame allí. No hay precio que no esté dispuesto a pagar, si con ello logro librar al mundo de esta asquerosa plaga que llaman "ser humano" con gusto pagaré. Ahora, calla bestia y condúceme a aquel infierno del que tanto me adviertes.
 El demonio rió, con una enorme carcajada que habrá hecho llorar a más de un niño, y dijo:

- Bien, veo que tu determinación es tan grande como tu ego, salta pues, sobre este charco de sangre y que comience el show. 

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