Desde las alturas, en aquél desolado
balcón, observaba la calle. Aquella gran avenida por la cual a diario
transitaban miles de personas, sin siquiera notar su presencia. Allí pasaba las
noches, llenando su corazón de
odio, su mente de pensamientos aterradores, porque después de todo, solo
deseaba ver sufrir a aquellas personas. No
es que le hubiesen hecho nada particularmente malo, simplemente los odiaba.
Odiaba al ser humano, desde aquellas personas que le resultaban completamente
desconocidas, pasando por su familia y conocidos, para terminar con él mismo.
Desde que tiene memoria ha sido obligado a vivir en un mundo en el cual no
encuentra lugar. Fingiendo sonrisas, conteniendo impulsos asesinos, ese era su
día a día. Pero esa noche,
había algo distinto. Una
tensión capaz de crispar los cabellos de cualquiera se camuflaba en el aire.
Como si algo fuese a pasar, algo o alguien.
Una sombra comenzó a tomar forma detrás suyo, una forma similar a la de un
humano, pero a su vez, mucho más tétrica. Parecía ser que a el no lo sorprendía
esta figura que tan amenazante se posaba a sus espaldas, sino que, parecía
haberla estado esperando.
-Tardaste
más de lo que habíamos acordado.- Dijo él con un tono de disgusto.
-No
me culpes, tenía que atender algunos asuntos antes de comenzar con este pequeño
show.- Respondió la sombra, a
la vez que en su horrible rostro se dibujaba una ligera sonrisa con tintes
macabros.
A
continuación, la figura cortó la palma de su mano, con una de las afiladas uñas
(o garras) que anunciaban el final de sus extremidades, dejando caer al suelo
pequeñas gotas de sangre que formaban un pequeño charco. La sangre siguió
cayendo de su mano, a la vez que ambos, tanto aquel decidido espectador de la
humanidad como aquella silueta no se quitaban la mirada de encima, como si los
dos estuvieran esperando que el otro hiciera algún movimiento.
Una
vez el suelo se vio repleto de sangre, el oscuro intérprete prosiguió diciendo:
-
Tú, que te has hastiado del ser humano. Tú, el que se cansó de odiar a esta
patética especie sin poder hacer nada significativo en su contra. Tú, que no temes entregarte a la
maldad, serás recompensado. Se
te otorgará el poder de las tinieblas, un poder con el cual las personas
normales ni siquiera se atreverían a soñar. Serás el portador de una oscuridad
capaz de arrasar ciudades enteras y reducirlas a cenizas. Serás el señor de las
bestias, de los demonios que habitan los rincones más temibles del inframundo. Solo aquel que haya pasado los 5
castigos podrá pararse sin miedo frente a ti. Solo
él podrá diezmar a tus legiones y solo él supondrá un peligro para tus planes.
Sin embargo, deberás cruzar el mismísimo infierno, y deberás pagar un precio
que muchos considerarían alto. Perderás la poca humanidad que aún conservas y
créeme, sufrirás más de lo que piensas.
-
Hablas demasiado para ser un demonio, ¿No te lo habían dicho? Simplemente
llévame allí. No hay precio
que no esté dispuesto a pagar, si con ello logro librar al mundo de esta
asquerosa plaga que llaman "ser humano" con gusto pagaré. Ahora,
calla bestia y condúceme a aquel infierno del que tanto me adviertes.
El
demonio rió, con una enorme carcajada que habrá hecho llorar a más de un niño,
y dijo:
-
Bien, veo que tu determinación es tan grande como tu ego, salta pues, sobre
este charco de sangre y que comience el show.
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