La luna se mantiene en su lugar pero por alguna razón pareciese que crece.
Aumenta su tamaño, a medida que mi cabeza se llena de preocupaciones y
frustraciones, ella crece. Se alimenta de mi tristeza, de mis sueños rotos, de
aquellos amores que jamás fueron, ella crece. Me tomó algo de tiempo darme
cuenta pero ella crece porque yo me desvanezco. Jamás pude escribir cosas
alegres, jamás pude plasmar aquella parte de mi que aún sonrie. Solo lágrimas
de tinta y gritos escritos abundan en mis textos. Se adueñan de todo aquello
que sale de mi mente y aquél que me lea sin conocerme sabrá del dolor que me
aflige. Pero es tan difícil crear un universo repleto de risas y gozo cuando en
este cielo se alzan nubarrones cargados de lluvia. No hay más que explicar ya,
jamás lo hubo. Quisiera preguntarle a esta brisa que roza mi cara todo aquello
que nunca me supe responder ¿Por qué sigo buscando? ¿Qué estoy
buscando? Tanta
intriga destroza cualquier alma, es imposible encontrar la respuesta cuando no
sabes la pregunta. Vago en el desierto que yo mismo creé, rodeado de mis
creaciones que sufren igual que su tonto creador.
Crear, es lo único que queda por hacer, crear y aguantar. Crear lo que sea,
donde sea, como sea. No preguntar qué es ni que significa. No fijarse en
detalles, simplemente descargar este espíritu en papel, virtualmente, como sea.
No esperes más iluso, la respuesta debe estar allí afuera, junto con la
pregunta. Por última vez pedile a la vida otro trago, tomalo con calma, nadie
te apura, solo vos. No intentes mirar atrás, nadie te recuerda, nadie te
reconoce, solo vos. Más cada recuerdo que forma parte de tus pilares se
desvanecen y allí quedás, indefenso, a la deriva.
Yo te vi crecer, te vi ganar y te vi perder, más que nada perder. Te vi llorar,
te vi reir, sobre todo llorar. Te vi gritar y te vi abrazar. Yo y solo yo te
acompañé a cada paso y solo yo te acompañaré a tu última cena. No desperdicies
lágrimas en seres que no te recuerdan, pues nadie muere acompañado. Esta vez te
tomo la mano, porque soy el único que sabe realmente lo que sufriste, y te
levanto. Estás lleno de tierra, cansado de caerte y con una lágrima de niño de
diez años, me resulta imposible verte y no querer llorar contigo.
Pero no me reconoces, a mi, a quien jamás te abandonó a pesar de todo, me mirás
asustado, como si fuera a hacerte daño. Ya no diferencias una caricia de una
patada, y eso me produce odio. Odio con el mundo, que no supo darte nada, odio
con los que te rodean, que a pesar de simular no pueden ocultar que para ellos
sos completamente prescindible. Y todavía no me reconoces. Soy YO, soy vos mismo, soy la parte de tu
alma que se rehúsa a darse por vencido. Incontables veces te he levantado,
demasiadas te he abrazado para que no colapses. Soy aquel fragmento de tu ser
que todavía quiere vivir. Una vez más te tomo de la mano y te digo: NO
TE RINDAS, TODAVÍA QUEDA MUCHO CAMINO POR RECORRER.
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