Sentí como su mano
helada, carente de emociones me acariciaba, me inspiraba a seguir. Siempre ha
estado a mi lado, siempre ha hecho que note su existencia. Nunca fue un
problema controlarla, hasta ahora. Cuando la noche se vuelve tan oscura no hay
pecho que aguante esa calma. Ahora me toma de la mano y me ayuda a escribir,
entre llantos y gritos me pide que continúe, que siga plasmándola en el papel.
No puedo decirle que no, estoy sometido por la más dulce voz que he oído. Esa
voz que se limita a impartir desesperación y tristeza ahora me susurra al oído
una canción de cuna. Y se sonríe al ver las lágrimas caer, sabe que la historia
se está escribiendo como ella desea. Lo único que necesitaba para tenerme en su
poder era que yo cayera al vacío, de esa manera, la única mano de la que me
pude aferrar es la que me lleva a la destrucción. Y mientras escribo las
preguntas se agolpan en mi mente, las inquietudes empiezan a cobrar forma. Se
convierten en demonios aterradores y pululan a mi alrededor, esperando que deje
caer aquella pequeña luz que aún guardo débilmente. Y después de tantos golpes
debo admitir que pierdo esta batalla. Pesará en mi alma, pero este taladro ya
perforó todo lo que me quedaba. Los temblores no se detienen, me cuesta
escribir, pero debo seguir. Debo cumplir su voluntad y ella cumplirá su
promesa. Me llevará a un lugar donde pueda descansar, me guiará hacia el calor
de un abrazo conocido, debo terminar. Malditos sean los azares del destino y su
cruel jugada. Maldigo y escribo, sin detenerme, ya habrá tiempo de secar las
lágrimas, algún día, en algún lugar.
Ahora debo cerrar, el tren ya se acerca. Su luz me quema el rostro, mis ojos de entrecierran intentando ver. Camino hacia el último encuentro, con miedo pero decidido. Un millón de palabras quedan sin decir. Ahora dejo mi boleto de vuelta suavemente sobre el asiento, pues solo necesito el de ida. Espero que alguien lo encuentre, espero que alguien sepa de este viaje, adiós.
Ahora debo cerrar, el tren ya se acerca. Su luz me quema el rostro, mis ojos de entrecierran intentando ver. Camino hacia el último encuentro, con miedo pero decidido. Un millón de palabras quedan sin decir. Ahora dejo mi boleto de vuelta suavemente sobre el asiento, pues solo necesito el de ida. Espero que alguien lo encuentre, espero que alguien sepa de este viaje, adiós.
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