jueves, 14 de agosto de 2014

Lo que queda atrás

  Hoy me encuentro ante la nada que yo mismo elegí. Veo las consecuencias de mis acciones, de mis malas decisiones y de mis pocas ganas de un futuro brillante. Veo al hombre que fui, al niño que intenté no olvidar, veo lo que no quiero ser. Y a pesar de que veo todo, no quiero nada. Llegué al final que nadie quiere ver, el final de la voluntad. Llegué a donde no me quiero volver a ver jamás, a donde se pierde el fuego del alma. Y ahora, en este rincón olvidado del mundo, lo único que anhelo es un final sin dolor. Un viaje rápido sin recuerdos, sin arrepentimientos, sin recriminaciones. Se acabó la mentira de la sonrisa, y las letras que danzan en elogios, se acabó la postura que sostuvo como un guerrero todos estos golpes, ya no necesito fingir. Me despido, sin reproches, sin odio, sin lágrimas, simplemente me despido. Lo hago sin palabras, con pocos gestos, sin nada que decir y todo guardado dentro. Ahorro de llantos y penas es lo mejor que podemos hacer en este mal parido día, pues no habrá respuesta. Lo único que me queda por decir, es que no busquen una olla de oro al final del arcoiris, ni suerte en los pétalos de cuatro hojas. El hombre forja su camino, el cobarde recorre el que forjaron los demás, y yo no recorro ninguno. No busco gloria, ni renombre, ni siquiera importancia, ni que me recuerden. Busco un fin, un cierre y a otra cosa, y lo que no veo más, ni quiero ver. No se esperen nada de mí, pues soy nada, y no llenen el vacío con nada, pues soy todo. Ya no más, no más ahora, no más siempre. Guiño el ojo y me voy, pues no quiero verlos más. A mi barquero le pido sea amable, y me de conversación mientras viajamos a mi último destino. No quiero aburrirme ni pensar en lo que dejo atrás, solo quiero ver hacia adelante. Y a todo lo que quedó atrás, le pido que permanezca ahí.

Human being

  Pues es en aquella oscuridad donde el hombre se conoció. Allí se sintió, e intentó aprender sus limites. Se le dijo al humano que no cruce donde no se debe cruzar. Que no haga preguntas, que no sueñe. Y el humano intentó obedecer. Silenció la llama de la curiosidad y plantó la semilla de la ignorancia en cerebros por crecer. Pero no todo humano se sentía cómodo obedeciendo. No todos deseaban vivir en la oscuridad. 
  Es cuando se enciende aquél fuego que jamás se apaga por completo, que descubrimos de lo que somos capaces. Pues el limite siempre fue el cielo, y no hay cielo qie pueda contener tanta ambición. Y la emoción no terminará mientras hayan humanos que guarden el poder de querer y hacer. De crear e intentar. De caer y levantarse. 
  Y mientras que nuestra vida no es más que un parpadeo en la vida del universo, siempre se puede trascender. Y creamos que solo somos tan grandes como nuestros actos nos reflejan. Así que actuemos, hoy y siempre.

Quejas de rutina

  ¿Ya es lunes? Ni cuenta me di. Parpadeo mientras bostezo e intento que no se me caiga ningún sueño mientras me visto. Agarro el documento, la maldita sube que tan imprescindible me es ya y salgo. Bajo los escalones con la posibilidad en mente de que me tropiece y muera, pensamientos de lunes. Y el colectivo pasa mientras el chófer con una sonrisa burlona me mira como diciendo: "seguí participando". Y lo hago, sigo esperando, porque como muchos, tengo la urgente prioridad de llegar a un trabajo de mierda donde no me pagan nada. Y en ese viaje de poco más de una hora veo rostros cansados, cruzamos miradas y nos odiamos sin conocernos. Leo mi libro, procuro no ver a nadie, prefiero creer durante un rato que todo esto es solo una etapa. Y de pronto, el pánico, la horrible visión de llegar a los 40 años y seguir igual hace tambalear mi cordura. Sacudo mi cabeza y me recuerdo que aún estoy a tiempo, que las cosas pueden cambiar. Me enamoro un par de veces, no conozco sus nombres y aunque me interesaría conocerlos, ellas no sienten el mismo interés por mi. Pero no hay caso, no por esta soledad voy a frenar mi compromiso con sentirme para la mierda. Y mientras cruzo parque centenario me pregunto si es normal esta pena, si el resto de las sonrisas son tan fingidas como la mía. Debe ser el colectivo, la rutina consigue colocarlo a uno ante su más negativo rostro. 
   Así es como dejo atrás por un rato mis ganas de asesinar al mundo y llamo a la cancha a mis ganas de vivir y reír. Mis desamores ahora me provocan risa, y me río del colectivo que pasó y me dejó de recuerdo un pantalón lleno de sanja. Me río de la gente que se abalanza hacia el fondo del colectivo como huyendo de algo, o buscando algo. Me río de que mi jefe me fume los cigarrillos, y del descontento de mi compañero con la vida. Me río de la monotonía, de la rutina, hasta que recuerdo que nada cambia. Aunque todos te aseguren que todo esto es una etapa de tu vida, esto solo es verdad si vos mismo lográs que así sea. Yo no voy a seguir regalando mi tiempo, ni voy a seguir desperdiciando momentos. Y el día de mañana me encontrará libre, rodeado de quienes disfrutan que los disfrute, de las mismas ansias de querer conocer el mundo que poseo desde que tengo memoria. 
  Que utópico y soñador puede ser uno cuando se encuentra atrapado en un mundo que no le agrada, pero después de todo: ¿Quién no odia un poquito a todos? Si es ese sabor amargo del desear que una bomba destruya todo lo que nos mantiene cuerdos cuando no hay más lugar en el subte. Es esa esperanza de que una tormenta de fuego o una plaga de zombies nos condene a todos lo que nos da un segundo respiro cuando te enteraste que cortaron el puente Alsina porque no les parece suficiente lo que el gobierno les paga por reproducirse como conejos. Pero, ¿Sabés qué? Aumentaron de nuevo el boleto, y ahora pago $3,50 todos los días de ida y $3,50 de vuelta, ¿No te alegra el día eso? Y no te olvides de que aquél tipo de mirada sospechosa te está siguiendo hace tres cuadras. No parece querer tener una charla amistosa, diría yo que está mirando tu celular. Pero no vayas a negárselo, no sea cosa de que te vuele los sesos de un tiro. Porque si mueres, algún comisario se quejará de tener que acudir a su deber. No vayas a complicarle la vida a nadie, y tratá de no manchar el piso con sangre, porque alguna criada suspirará por tener que limpiar el desorden. Mejor sigue caminando, no es tan malo. 
  Ahora lo recordé, ¿Te conté que aumentaron la factura del celular? Pero no te va a alcanzar el crédito, por si tenías la duda aún. Internet no es tan barato como parece en los comerciales. Y para emparejar, también aumentó el gimnasio. Así es, llegar al verano en forma te va a costar $300 por mes, lo cual para alguien como tu jefe no sería mucha plata, pero...vos no sos jefe de nadie, solo de vos mismo y aún así, a veces ni vos mismo te hacés caso.

  Disculpá, no era mi intención recordarte lo miserable que puede ser nuestra vida, es solo que tenía ganas de no ser el único pesimista en este ascensor que va directo al fracaso y a la frustración. Pero hasta la que atiende en el kiosco me ignoró, así que mientras espero humillado en un costado que me vea allí parado, imagino una lluvia de balas destrozando sus góndolas, su mostrador. Imagino la forma más fácil de ir a Alaska, y me veo en alguna estúpida fantasía corriendo por algún verde prado, sin horarios, sin rutina, solo con deseos por cumplir. Pero bueno, ya van a ser las seis de la tarde nuevamente, y ya no hay tiempo para ver libros en la calle, ni para tomar una cerveza con un amigo. Ya no hay tiempo para escribir un libro, ni para ir al cine. Porque el colectivo viene otra vez lleno, y la señora a la que le cediste el asiento continúa pegándote con el bolso, y mientras me quedo sin tiempo para encontrar el amor, me va viniendo el sueño a acompañarme. Bueno, a comer y contestar de mala gana para dormirte temprano, no te olvides de preguntarte mientras mirás la luna sobre el sentido verdadero de la vida y la superficialidad de esta sociedad. Ahora dormí, y no molestes a nadie con tus quejas, porque mañana a las seis y media tenés que estar arriba y esperando el colectivo, e intentá no llegar tarde esta vez. 

Pasaje de vuelta

  ¿Es este el mismo tren al que me subí hace ya tanto tiempo? Todo parece indicar que sí. Son los mismos asientos, el mismo olor a lluvia que atraviesa la ventana mientras anochece, los mismos vagones, iguales entre ellos, pero hay una diferencia. No son los mismos pasajeros, el tren sigue avanzando pero los vagones se vacían, comienzo a pensar que seré el último en bajarme. Pero bueno, eso no importa por ahora, tengo que intentar concentrarme y recordar hacia donde estoy viajando. Recuerdo un sentimiento de miedo, eso fue lo que me impulsó a subir al tren. Recuerdo estar a punto de llorar, y mirar a todos lados buscando algo, pero no sé qué ¿Me habré subido buscando una simple compañía? Sí, eso debe ser, me sentí tan solo que hasta la presencia de extraños en un tren me hacía sentir mejor. Bueno ya tengo el porqué de mi viaje, pero aún me falta saber hacia donde voy. Y ese es mi verdadero temor. Podría terminar en cualquier lado, incluso podría estar peor que antes de subirme a este maldito tren. Sigue anocheciendo, cada vez hay menos personas, unos pocos solitarios como yo me hacen compañía en esta fría noche. Sus ojos están rojos, como si hubiesen llorado durante horas, sus labios tiemblan, como si quisieran volver a hacerlo, me pregunto: ¿Me veré yo también de esa manera? Por algún motivo me volvió el miedo que sentía antes de subir al tren, y de a poco comienzo a recordar todo. Sí, ahora lo recuerdo bien. No quería subir al tren, quería arrojarme delante de él, que mi vida se extinga al sonido de los gritos de miles de extraños. Pero me detuve a último momento, acobardado y subí, esperanzado de que este viaje de alguna manera me devuelva las ganas de vivir. Pero no es así, mis ganas de vivir se extinguieron hace tiempo. Bueno, ni modo, tendré que pasar la noche en algún bar y a la mañana esperar otro tren, a ver si de una vez por todas tengo el valor de acabar con mi vida.

El pacto del escritor.

  El escritor había perdido su inspiración. Las historias que en su mente fluían habían desaparecido. Sabía el porqué. Su alma no soportaba más, se aferraba a este mundo con todas sus fuerzas pero la verdad molestaba en cada átomo, en cada molécula de su ser:no deseaba vivir más.
  Día a día durante años fingió ante sus pares una sonrisa que nunca demostraba lo que realmente sentía. Cada noche, cuando debía de estar escribiendo, se quedaba por horas mirando el cielo, esperando que quizás alguien se apiade de su sufrimiento. Pasaba horas preguntándose si algún día sería capaz de sentir la felicidad que todos decían sentir. Lo intentó lo más que pudo, pero allí, en la soledad de esa terraza, no parecía haber una salida que no traiga sufrimiento.
  Así que el escritor llegó a una decisión, no había motivo para seguir mintiéndose a sí mismo, si su alma rogaba escapar del banal mundo terrenal para irse vaya a saber uno donde, el no era quien para prohibírselo. Tomó un frasco de pastillas que había estado guardando para esta ocasión en especial, cargó la pistola que siempre había tenido en caso de emergencia y se la llevó a la boca. Entre lágrimas y un enorme sentimiento de tristeza y odio, odio hacia él y hacia el mundo que tantas veces lo había ignorado, intentó apretar el gatillo, pero se detuvo. Un hombre vestido de traje se paraba frente a él, sonriendo. Vestía elegantemente, un traje negro con una corbata roja hacía notar que ese hombre poseía una rara cualidad para la moda. El escritor se incomodó, no por el hecho de que ese hombre haya aparecido en su terraza como por arte de magia, sino por su sonrisa. El misterioso hombre solo estaba allí parado, sonriendo, a la vez que encendía un cigarrillo y se acercaba al escritor con paso firme pero lento.
- No tienes que seguir sufriendo, ¿Sabés?- Dijo el hombre de traje
- No intentes detenerme, no encuentro ningún motivo para seguir viviendo- Respondió el escritor
- No intento detenerte, simplemente te ofrezco una mejor solución que el olor a polvora y tus sesos decorando las paredes.
- Te escuchó, pero más te vale que no sea ninguna broma, como verás, estoy en un momento bastante importante.
- Yo no bromeo, vengo a hacer negocios. Te propongo lo siguiente: no serás feliz, pero te daré el poder necesario para hacer sufrir al mundo que tantas veces se ha olvidado de tí. Podrás vengarte de todos, tus enemigos, las personas que no supieron valorarte, aquellos que te demostraron falso afecto, esas personas a las que siempre apoyaste pero que no se tomaron ni un miserable segundo de sus patéticas vidas para intentar ayudarte.
- ¿Cómo sé que no me vas a engañar? He visto y leído cientas de historias donde al final siempre terminas estafando a aquellos que se atreven a pactar con vos.
- Mi querido amigo, no pienso estafarte, pienso quedarme con tu alma por el resto de la eternidad pero antes, te daré la oportunidad que tu torturada alma siempre deseó,  
  El escritor tiró el arma, se incorporó y mirando a los ojos del misterioso hombre de traje, cerró el pacto. Un apretón de manos que finalizaba en un agudo pinchazo. El escritor vió como un hilo de sangre corría por la palma de su mano. El hombre de traje mojo una delicada pluma que traía en la sangre del escritor y acto seguido, firmó un papel que no le permitió ver a el atormentado escritor.
  Un largo e interminable silencio pareció parar el tiempo. Entonces, el hombre de traje solo sonrió y dijo:
- Así comienza el mejor día de tu vida, ojalá no me defraudes. Tienes todo el poder necesario para hacer sufrir y llenar este mundo de dolor, la decisión es tuya, escritor.




¿Qué hubiese pasado?

  El cielo se nublaba cada vez más, él, estudiante de psicología, aguardaba paciente el colectivo. Por alguna razón los días así le traían calma, y ni hablar de la lluvia. Para él, la lluvia era la cosa más fantástica del mundo. Nunca había entendido porqué, solo sabía que allí, escuchando música bajo la parada del colectivo esperando a que lloviera en aquel helado invierno, estaba en paz. Decidió encender un cigarrillo para disfrutar aún más aquel pacífico momento, en ese instante, una joven de hermosa voz se acercó a el:
- Disculpá, ¿Tenés fuego?- Preguntó con una suave y delicada voz
   El, que siempre había sido bueno para hablar, para comunicarse, quedó casi mudo. Logró alcanzarle su encendedor y de pronto se recuperó de la sorpresa inicial. Ella era hermosa, piel blanca como la luna, cabellos castaños claros y suaves caían delicadamente por debajo de sus hombros. Sus ojos, de un color avellana parecían helar su interior, no se había sentido así desde hace años. Ya no recordaba la última vez que se había sentido así por una mujer, solo sabía que por alguna misteriosa razón, esta chica lo había conquistado con unas simples palabras. Se sintió vulnerable, el temple mental que creía tener había desaparecido. Decidió que sin importar qué, iba a estar con esta chica.
- ¿Cómo te llamás?- Le preguntó titubeante a la chica.
- Perdoná pero no suelo darle mi nombre a extraños, no es nada personal.- Respondió ella a la vez que con una delicada sonrisa miraba a los ojos del ahora intranquilo estudiante de psicología.
 Comenzó a desesperarse, ella no parecía tener ningún interés de sociabilizar con él. Los miles de problemas que había estado ignorando volvieron a él de pronto, todos juntos. Su baja autoestima, su timidez, su pesímismo, todo parecía complotarse para evitar que él pudiera hablar con la hermosa joven que parecía tener algún tipo de apuro.
  Pero estaba harto de sentirse solo en el mundo, de no tener a nadie con quien compartir su vida y sobre todo, de no poder demostrarle a alguien más que dentro, muy dentro, no era una mala persona, simplemente deseaba sentirse acompañado una vez más.
  Así que decidió intentar retomar la conversación, pero la chica se incorporó para irse. En ese preciso momento, la lluvia se desató furiosamente, obligando a la chica a esperar bajo la parada a que la lluvia parara.
- Es mi oportunidad- Pensó- Bueno y ¿De dónde sos?
- Soy de por acá, de Lanús, pero la verdad es que estoy muy cansada y deseo llegar a mi casa ya.-
- ¿Trabajás?- Preguntó, con un disimulado optimismo debido a que la chica al menos había respondido de manera que pudiesen continuar la charla.-
- No, por ahora no. Estudio paisajismo, pero hoy pasé todo el día viajando así que no doy más ¿Y vos?-
- Yo estudio psicología, recién estoy en el primer año pero es una carrera que siempre me llamo la atención-
- ¡Que bueno! Cuando te recibás podrías atenderme a mi, seguramente necesito un psicologo urgentemente.- Respondió ella a la vez que reía a carcajadas.-
 Nuevamente quedó helado, su risa, hermosa de igual manera que su rostro o sus sonrisa, lo había cautivado aún más.
  De pronto, salió de su trance. Allí se encontraba él, en la parada, esperando el colectivo, escuchando música y fumando. Todo igual, sí, pero con una diferencia, no había ninguna chica allí. La joven de la que perdidamente se había enamorado estaba ya cruzando la avenida. Otra vez lo había hecho, otra vez había desaprovechado la oportunidad, le había ofrecido fuego a la chica pero mientras el luchaba contra los demonios que no lo dejaban hablar, la joven se había marchado. Tuvo ganas de llorar, pero no lo hizo, después de todo, así era su vida. Así era el, un cobarde, que pasaba sus días culpándose por la soledad que lo torturaba, pero jamás tuvo el valor necesario para cambiar la situación.
 De esta manera, el estudiante de psicología, irónicamente, no podía resolver sus propios problemas. La lluvia llegó para camuflar sus lágrimas, mientras que veía al colectivo doblar la esquina. Secó sus lágrimas, respiró hondo y aceptó, una vez más, que seguía solo. Una vez más se estaba preguntando: ¿Qué hubiese pasado?


El cielo...

  No soportó mirar atrás, no toleraba ver el llanto de amigos, de familia ni de nadie, solo sabía que iba a hacer lo necesario para terminar con esta agonía. Lo tildarían de cobarde, llorarían por él, lo odiarían por tomar la decisión que tomó pero sabía que solo duraría un tiempo, que luego se olvidarían de él. Eso lo tranquilizaba un poco, saber que por primera vez en su vida tenía el control sobre sí mismo. No cometería el mismo error dos veces, esta vez no habría despedida, no crearía la posibilidad de que alguien interviniera en los acontecimientos que iban a suceder. Lo hizo, cometió el pecado máximo, atentó contra lo único que no le habían podido quitar. Atrás dejó las noches de llanto, el dolor de seguir esperando que alguien lo oyera, la inmensa pena de comprobar que se encontraba solo en este mundo.
  Cuando abrió los ojos se encontró rodeado de un inmenso vacío, de un silencio inquebrantable, al parecer, nada era como lo habían descrito. Ni llamaradas quemando a las almas en pena, ni un cielo para que aquellos que se ganaron el paraíso disfrutasen de la eterna dicha, solo el silencio. Sintió que lo observaban, que alguien clavaba intensamente su mirada en él. Volteó para todos lados buscando el origen de esta sensación pero no encontró nada. Decidió simplemente recostarse y pensar, pero esto no duró mucho. A su lado apareció una mujer, un vestido blanco de suaves telas cubría su delgada silueta, poseía cabellos y ojos negros como la más cerrada de las noches y una sonrisa que inspiraba paz. Acarició con amor la mejilla del joven, esto provocó que sin darse cuenta, el comenzara a llorar. No sabía porque ni podía hacer nada para impedirlo, solo lloraba. La joven se recostó al lado del joven y lo abrazó. Él no lo podía creer, por primera vez en muchísimo tiempo sintió que alguien lo comprendía. De miles de maneras había intentado, infructuosamente, explicarle su malestar a la gente. Siempre obtenía las mismas respuestas, nada lo contentaba. Sin embargo, esta mujer, una perfecta desconocida, había logrado llenar su alma de felicidad y a pesar de que él ya había olvidado como se sentía ser feliz, entendió que esta era la eternidad que había estado buscando. Entendió que mientras esa mujer estuviera allí para secar su llanto, para abrazarlo y recordarle que no estaba solo, todo estaría perfectamente bien. 
  De pronto, todo comenzó a temblar, sintió que su pecho se agitaba bruscamente, comenzó a elevarse como por arte de magia. Vió como la mujer se incorporaba para saludarlo delicadamente con la mano, mientras una lágrima caía de su delicado rostro. El joven comenzó a gritar de odio, intentó safarse de aquella misteriosa fuerza que lo separaba de la única persona que había podido llenar su ser de paz y calma. Luchó todo lo que pudo, pero fue inútil.
  Cuando pudo despertar, notó que no se encontraba más en aquel lugar rodeado de un silencio absoluto, la mujer ya no estaba allí y lo que vió, lo lleno de odio y horror. Se encontró en lo que parecía ser una camilla, rodeado de médicos que festejaban porque habían logrado revivirlo. Un respirador le dificultaba hablar. Se dió cuenta de que otra vez, había fallado, de que alguna cruel voluntad había decidido que el siguiera viviendo. Con odio e impotencia lanzó un grito que resonó en todo el hospital, los médicos perplejos lo observaban como intentando entender el porqué de la furia del atormentado joven.
  Así es, una vez más, lo habían detenido. Una vez más habían evitado que el acabara con su sufrimiento, sin malas intenciones obviamente, pero le habían quitado el único momento de felicidad que había experimentado luego de tanto tiempo. 


  Las decisiones que tomamos pueden no ser las mejores, pero las tomamos porque intentamos llenar nuestra alma de lo que todos llaman felicidad. Aunque quizás nadie lo entienda, para algunas personas, el cielo no es aquel paraíso en el cual vivir en paz toda la eternidad. Para algunos, el cielo se encuentra en aquella persona que sepa susurrarnos al oído que no estamos solos.


No me supe responder

 Tuve la mala suerte de encontrarme en un bar de mis sueños. Me intenté evitar pero no pude fingirme. Acompañado de un café comencé a charlar, después de todo, si el resto del mundo me ignora, al menos yo me escucharé. 
 Me pregunté a mi mismo porqué nunca puedo dejar ir las cosas, no me supe responder.
 Me pregunté porqué sufro por cosas que la mayoría ignora, miré hacia afuera y no me supe responder.
 Con un poco más de impaciencia en la voz me pregunté porqué mis malditos principios morales me frenan constantemente y me impiden crecer como persona, con ojos llorosos sacudí la cabeza en señal de negación, tampoco tenía una respuesta para eso.
 Ya casi iracundo me pregunté a mi mismo porque no me permitía ser feliz, respiré hondo y me pedí perdón por no tener una respuesta a eso tampoco.
 Decidí levantarme e irme, después de todo, prefiero estar solo que acompañado de mi mismo. Comencé a caminar, una tenue lluvia salpicaba mi cara, la noche comenzaba a caer mientras la música una vez más mitigaba un poco las preguntas que no me supe responder.
 Sentí que jamás hallaría una respuesta a todas mis interrogantes, decidí a acostumbrarme a que siempre me falten cinco para el peso. Pero entonces lo recordé, me había dado todas las respuestas sin saberlo. Lo entendí, no tengo control sobre las mayores interrogantes de mi alma, jamás las tendré, porque solo se vivir con la intriga. Jamás supe que hacer con una respuesta, quizás sea porque soy de esas personas que necesitan saber que hay algo más allá afuera, que la vida no puede ser tan simple. Lo único que lamento es jamás poder compartir este sentimiento en el cual intento encontrar la última pieza del rompecabezas de mi ser, nadie jamás podrá terminar de comprender que si bien el no saber me destruye, más me destruiría tener las respuesta porqué, sinceramente, sé que las respuestas no me van a gustar.

Quizás, solo quizás, hubiese sido mejor no haberme cruzado, puedo fingir que disfruto la compañía de muchas personas, pero jamás voy a poder fingirme a mi mismo, ni ahora, ni nunca, estoy ligado a serme sincero y decirme cada vez que me encuentre: esto es todo lo que hay para vos.


Bienvenido...

  Este es el castigo final, al menos eso parece. No creo haber terminado aquí por mera casualidad. Todo esto parece tan familiar, sin embargo, estoy seguro de que jamás había estado aquí. Este tétrico lugar parece haber surgido de mis peores pesadillas, de los pensamientos más mórbidos que juré ocultar en lo profundo de mi ser. 
  Tengo miedo, sé que cosas horribles me esperan allí afuera, que estoy destinado a vagar en este infierno el resto de lo que seguro será una angustiada y corta vida. Pero ¿Por qué? ¿Qué es lo que hice para merecer semejante tortura? Créanme que cada imagen que mi ojos analizan esta plagada de sangre, cuerpos muertos, seres que sobrepasan la más podrida de las imaginaciones. Créanme, que si tal lugar como el infierno existe, este lugar lo ridiculiza. No hay salida ¿Sabes por qué? Porque no se puede escapar de los demonios interiores. Me llevó tiempo comprenderlo pero este lugar, este pueblo maldito no me dejará ir. No a menos que termine lo que vine a hacer. No abandonaré esta pesadilla hasta haber solucionado todos mis asuntos pendientes. Pero ahora, antes de que me juzguen, les haré una pregunta: ¿Tienes idea de lo que se siente atravesar TODOS y CADA UNO de los traumas, de los miedos, de los sufrimientos que juraste nunca sacar a la luz, uno tras otro? ¿Sabes acaso, como sería si estos traumas cobraran la forma de criaturas tan horrorosas que hasta los más experimentados escritores de horror tendrían problemas para imaginar? y ¿Te imaginas, además, de lo que se sentiría hacer todo esto, COMPLETAMENTE SOLO?
  Esta ciudad es una entidad, es algo con vida, cambiante, pero lo peor de todo, es una entidad MACABRA. Quiero volverme loco, quiere que pierda la cordura, y sinceramente,LO ESTÁ LOGRANDO. Todas las paredes están ensangrentadas o cubiertas de cuerpos humanos y animales. Voces de niños llorando desesperadamente, gente gritando por ayuda, almas en pena que, COMO YO, alguna vez fueron prisioneros de esta ciudad. 
  Bueno, debo seguir esta terrible travesía, debo seguir adentrándome en las calles de este lugar que son a su vez, los rincones más oscuros de mi perturbada mente. Si alguna vez lees esto, hay dos posibilidades: o sobreviví y abandoné este pútrido lugar hecho una mejor persona, con mi mente en paz o...no lo hice. Si ese es el caso, no me queda más que convertirme en otro de los temores que atacaran tu mente. Si eso sucede, por favor no lo tomes a mal, la ciudad necesita alimentarse de tu dolor

  Ah! Ya me estaba olvidando, pero mira que descortés que puedo ser...BIENVENIDO A SILENT HILL.

El portador de lágrimas pt. 2

Brice se arrepentía mucho de haber profundizado en la investigación sobre sus pesadillas. Esa última frase había helado por completo su ser. En su mente no paraba de repetirse "pareciese que les hubiesen extraído el alma del cuerpo." ¿Cómo era eso posible? ¿Acaso alguien podía asesinar personas simplemente extrayéndoles el alma? ¿Quién poseía tal nivel de sadismo como para destrozar los cadáveres de sus víctimas con tanto odio aún después de muertas? 
Estas preguntas lo atormentaron durante todo el día. Podía sentir que había algún tipo de conexión entre sus pesadillas y aquellos horribles asesinatos, pero por más vueltas que le dió al asunto no pudo sacar ninguna conclusión. Anochecía y el terror se apoderaba del joven. No quería dormir, el simple hecho de pensar en ser testigo de otro de aquellos mórbidos asesinatos lo impulsó a recurrir a todo cuanto encontró para no caer dormido. Bebió más café que en toda su vida, intentó entretenerse mirando televisión, jugando videojuegos, leyendo, pero a pesar de todos sus esfuerzos, al haber tenido un duro día de trabajo, cayó dormido.
  Se encontró en lo que le pareció un claro de un bosque. La vista a decir verdad era tranquilizadora, sentía como la brisa le rozaba las mejillas y ver los árboles movidos suavemente por el viento lo calmaba. Pero de pronto algo lo perturbó. Del otro lado del claro del bosque, una sombra permanecía inmóvil, estática, oculta entre los árboles. Brice no podía terminar de apreciar de quien se trataba o qué era, pero sabía que lo observaba. La figura permanecía absolutamente quieta, cosa que despertó un pánico inmenso en él. Con la voz quebrada por el miedo el joven gritó:
-¿Quién eres? ¿Qué es lo que quieres?
La sombra comenzó a caminar lentamente hacia él, con paso firme. Si bien la distancia que los separaba no era poca, Brice sabía que era inútil intentar escapar, algo le decía que estaba a merced de aquella figura que ya se encontraba a pocos pasos de el.
- No temas humano- dijo con voz masculina y profunda la figura.- Me he manifestado en tus sueños para advertirte.
-¿Advertirme sobre qué?- Preguntó un poco más pasivo, la voz grave y penetrante de aquél ser había logrado de alguna forma calmarlo un poco.
- Sobre los horrores que se avecinan para este, tu mundo. En estos instantes, mientras nosotros tenemos esta conversación, EL avanza. Intenta cumplir el requisito necesario para poder dominarlo todo. No se detendrá ante nada y eliminará a todo aquel que se interponga entre el y su objetivo.
- ¿Q-quién? ¿De qué me estás hablando? No alcanzo a comprender.- Dijo Brice atónito por lo que aquella figura acababa de decirle.
- Aquel que se disfraza de humano. Se mezcla entre los de tu especie, simulando ser uno más, pero no lo es. Su alma está podrida, repleta de odio, de maldad. Posee un alma digna del rey de los demonios y por eso mismo, ha sido elegido para traer el fin a este mundo de la manera más cruel y violenta posible. Pero me estoy adelantando, comenzaré de nuevo.
- Por favor, sinceramente no entiendo nada de lo que me dices aún.
- Verás "Brice", ¿Ese es tu nombre no es cierto humano?
- S-si... me llamo así.- Titubeó.
- De acuerdo, te llamaré así de ahora en adelante. Brice, el mundo de los humanos no es más que una pequeñísima parte de los universos y realidades que existen. Ustedes son frágiles, su vida no es más que un simple suspiro para seres como nosotros que vivimos desde el origen del universo. Hoy en día nos conocen con nombres que no llegan a abarcar en lo absoluto nuestras capacidades o nuestro poder. ¿Has notado que utilicé la palabra demonio antes? Lo he hecho solo para expresarme en términos que tú y tu simple mente humana puedan entender. Pero en algo han acertado al describirnos: estamos en guerra desde tiempos ancestrales. Nos hemos visto divididos en dos bandos, luchando hasta el fin de los tiempos. Esta guerra ha causado desastres en su mundo, desde antes de que ustedes los humanos tuvieran conciencia de su existencia. Estos dos bandos están conformados por aquellos que apoyan el pensamiento de todas las dimensiones deben convivir "pacíficamente" por así decirlo, sin perturbarse unas a otras, y aquellos que pretenden alzarse por sobre todas las realidades y dimensiones y así imponer su propio orden. Este último bando podría ser considerado el de los que ustedes llaman "demonios". Seres carentes de cualquier compasión, impulsados por el odio, por la violencia, por el caos total, por la visión de este y todos los mundos desolados y a su merced. Pretenden desencadenar el caos en este y todos los universos, acabar con cualquiera que se les oponga y gobernar según su propio credo. 
- ¿A qué bando perteneces tú?- Preguntó Brice, atemorizado por todo lo que estaba oyendo por parte de aquel ser.
- Yo pertenezco al otro bando. Creo que nuestras realidades deben coexistir sin problemas, acepto mi posición en el orden universal y no pretendo más que eso. Sin embargo aquí me ves, a pesar de que no apoyo el cruce entre universos, debí traicionar mis principios para poder advertirte. Tan grande es la dimensión de esta amenaza que me he visto obligado a manifestarme en este mundo. Yo, un ser inmortal, dentro del sueño de un mero humano, que irónico.
- Hay algo que no alcanzo a comprender. ¿Qué papel juego yo en esto? No entiendo como siendo tan poderosos deben recurrir a mi, no soy más que un hombre y no sé más sobre este asunto que lo que tú me acabas de contar.
- Tranquilo, hay una explicación para esto. El mundo de los humanos, a pesar de ser tan frágil e insignificante a ojos de seres como nosotros, contiene el portal hacia todos los demás universos. En alguna parte de este planeta se encuentra un lugar que permitirá a los demonios a manifestarse en todas las dimensiones. Actualmente no pueden hacerlo, les guste a ellos o no, hay fuerzas aún más grandes y antiguas que nosotros que establecieron que los universos no interactuen entre sí. Se colocaron barreras entre ellos para que no entraran en contacto y se produzca el caos. Pero por razones que aún no logro comprender, estas barreras están ahora debilitadas, lo que le ha permitido a algunos demonios proyectarse en tu mundo. Del mismo modo esto me ha permitido a mi manifestarme en tus sueños. Al encontrarse el portal en el mundo humano, nosotros no podemos intervenir con libertad, así como los demonios tampoco pueden. Por esta misma razón han elegido al ser humano más maligno, más corrompido, más repleto de odio, más parecido a ellos para que encuentre y abra el portal por ellos. Le entregaran poderes que no puedes ni imaginar para llevar a cabo esta labor, pero para hacer esto hay una serie de requisitos que este individuo debe seguir.
- ¿Qué requisitos?- Pregunto el jóven.
 En ese momento el claro que hasta entonces había permanecido relativamente calmado comenzó a agitarse violentamente. Nubes tormentosas se alzaban en el cielo, los árboles comenzaron a sacudirse violentamente.
- Se me acaba el tiempo, trataré de ser lo más breve posible Brice, ya habrá más tiempo para explicaciones. El elegido por los demonios debe superar un antiguo ritual para descender a los infiernos y obtener el poder del mismísimo rey de los demonios. Este ritual consiste en asesinar 30 humanos que en otros tiempos defendieron el orden universal durante la guerra de Ophey. Una de estas 30 personas guarda un amuleto que le permitirá acceder a el y solo a el al inframundo y desafiar al rey. Tu objetivo es impedir que lo logre, no dejes que complete sus 30 asesinatos, no quiero ni imaginarme lo que podría hacer si tuviera bajo su poder a miles de legiones de demonios. 
- ¿¡Y cómo esperas que lo detenga?! ¡No tengo ni puta idea de lo que está sucediendo!- Gritó enfurecido Brice, su mente apenas podía aceptar lo que este ser le estaba diciendo y ahora se esperaba que el detuviera a alguien de quien no tenía ninguna información, sin saber como, eso lo desesperaba.
- Lo siento, a pesar de tu enojo se me ha acabado el tiempo, busca a Erothos, es un fiel servidor nuestro desde hace mucho tiempo, el terminará de informarte. Ya volveremos a vernos Brice, en estos momentos dependemos casi exclusivamente de ti. Sé que es un gran peso para un simple humano, pero algo me dice...que tú no eres tan ordinario como crees.
- ¡Espera maldición! ¡Tengo demasiadas preguntas aún!
  En vano fueron los gritos del pobre Brice, la sombra se desvaneció en el aire a la vez que una violenta tormenta se desataba en aquel bosque producto de la mente del joven.


El portador de lágrimas pt.1

  Otra vez despertaba sudado, agitado, con un grito sofocado en su garganta. Ya estaba cansado. Cada vez más seguido le ocurría esto. Tenía horrendas pesadillas que le perturbaban el sueño. La medicación que le habían recetado cada vez le hacía menos efecto. Estaba exhausto, como cualquiera lo estaría al tener tan poco descanso como él. Pero esto, fuera de ser un simple trastorno del sueño, parecía ocultar algún tipo de mensaje. En sus pesadillas, aparecía en el cuerpo de otra persona, un joven, como él, de unos veinte y tantos años. Vestía con un traje de impecable negro y caminaba con una elegancia digna de cualquier aristócrata europeo. Ese no era él mismo, lo sabía. Estaba atrapado en el cuerpo de alguien más en aquellas pesadillas, pero esto era solo la menor de sus preocupaciones. En estas pesadillas, él, o aquel joven, caminaba a través de edificios abandonados, de lugares en los que se respiraba tristeza y soledad, sin detenerse. Parecía estar buscando algo. A veces, se cruzaba con indigentes que habitaban estos edificios aparentemente vacíos y es aquí donde sus pesadillas comienzan a tornarse perturbadoras. 
  Este joven, en el cual habitaba durante sus sueños, no tenía ningún reparo en asesinar a sangre fría a cualquier persona que se cruzara en su todavía indefinida búsqueda. Irritado, seguramente por no hallar lo que esperaba, asesinaba a golpes a quien no le diera las respuestas que necesitaba. Asesinaba, sin compasión, sin dudarlo, como si de un experto asesino se tratara. Con un sadismo increíble, casi parecía que lo necesitaba, como si la muerte de estas personas saciara un poco aquella ansiedad que no podía calmar con nada, excepto encontrando lo que sea que estuviese buscando.
  Esto no hacía más que inquietarlo aún más: ¿Por qué soñaba aquellas terribles cosas? ¿Qué significado tenían estas pesadillas? ¿Quién era aquella persona de la cual el tomaba posesión en sus sueños? y sobre todo ¿Qué es lo que buscaba con tanta desesperación? 
  Estas interrogantes rondaban en su cabeza todo el día, su rendimiento en el trabajo se veía afectado por la falta de sueño, más todo su entorno social parecía notar que algo no andaba bien. La fatiga ya se había esparcido en todos los aspectos de su vida. Cansado, intentó encontrar respuestas. Buscó en Internet informes policiales que le confirmaran o negaran la realidad de los asesinatos que presenciaba en sueños. Tenía la esperanza de que no fueran nada más que eso, sueños, horribles y mórbidos, pero sueños al fin. Sin embargo, algo dentro suyo le decía que no tendría esa suerte, que algo más se ocultaba detrás de estos terribles presagios, y así fue.
  Encontró varios informes que daban cuenta de un gran número de victimas, unas 8 hasta ahora, todos vagabundos e indigentes, gente a la que nadie lloraría. Todas las victimas habitaban en antiguos edificios abandonados y habían sido asesinadas presuntamente durante la noche. Esto inquietó al protagonista de nuestra historia, de manera tal que por su cabeza cruzó la idea de dejar toda esta búsqueda e intentar conseguir algún tipo de medicación extremadamente fuerte o algo por el estilo. Sin embargo, vio una última coincidencia en todas estas victimas, una que le heló el alma. Si bien todas las escenas del crimen se encontraban repletas de sangre de las victimas y el cuerpo de las mismas se encontraba siempre destrozado e incluso a veces desmembrado, estas atrocidades se habían cometido post-mortem o sea, después de que la víctima muriera. Un artículo de un diario local citaba: "Las victimas se encontraban ya muertas cuando se realizaron estos atroces actos a sus cadáveres. La policía forense no ha podido determinar la causa de muerte de dichas victimas, pareciese que les hubiesen extraído el alma del cuerpo."


Macábro viaje por una mente perturbada pt.2

  Argo era el nombre que vagamente recordaba como suyo. Ese era su nombre humano, curioso, pero suyo. O eso creía al menos. De todos modos eso ya no importaba. Hacía tiempo se había desprendido de casi todo lo que significaba ser un humano, detestaba esa condición. Ahora se embarcaba junto a aquel tenebroso guía a las profundidades de lo que parecía ser un hospital abandonado. Su sangre, por alguna razón, hervía de violencia y morbo. Nunca se había considerado uno más del montón, siempre creyó que algo lo diferenciaba de aquella asquerosa raza que durante lo que pareció ser toda su vida, detestó.
  Quizás para comprender un poco mejor a este peculiar ejemplar deba explayarme un poco sobre su condición mental. Estamos tratando con lo que por fuera no sería más que un simple joven de unos veinte y tantos años, cabello oscuro, delgado, rasgos comunes, salvo por una pequeña marca, una cicatriz que se ubicaba debajo de su ojo izquierdo. Nunca ha contado el porqué de esta marca que, con forma de medialuna contorneaba su ojo. 
  Hasta aquí su descripción física, ya que lo que realmente merece destacarse se oculta bajo la piel blanca de este "joven" de aspecto casi ordinario. De niño fue víctima de multitud de abusos. Su padre, un alcohólico no violento solía pasar la mayor parte del tiempo trabajando para mantenerlos tanto a el como a su hermana y a su madre, y su tiempo libre lo ocupaba en bares, bebiendo hasta entrada la mañana escapando vaya a saber uno de qué fantasmas. Su madre, infeliz con un esposo ausente la mayor parte del tiempo, solía desquitarse con Argo y su hermana, Etelia. Golpeaba a ambos con cinturones, escobas, zapatillas, cualquier cosa que tuviera a su alcance, procurando no dejar marcas visibles para no tener problemas con las autoridades. Argo solía llevarse la mayor parte de los castigos, ya que se interponía ferozmente entre su madre y Etelia siempre que ella se proponía tocar a su hermana. Varias veces intentó hacerle ver a su padre la magnitud de los castigos a los que tanto el como su hermana menor eran expuestos mientras el se embriagaba en aquellos antros de mala muerte. Su padre, asqueado de vivir, lo miraba con desdén mientras prometía solucionar el problema. Discutió algunas veces con la madre de Argo pero esto solo empeoraba las cosas, dado que cuando el padre iba a trabajar la madre repleta de ira atacaba a los niños por haberla acusado.
  Vaya vida para estos hermanos, ninguna familia es perfecta dicen, y Argo lo tenía bien grabado en la piel. Pero un día, ocurrió el hecho que convirtió a este niño en el alma sedienta de odio y dolor que es ahora. Etelia murió a causa de una de las golpizas de su madre, mientras Argo estaba en el colegio. Al regresar, el infante encontró a su madre intentando ocultar el cuerpo de su hermana en una bolsa de basura. Sin pensarlo, el niño, preso de una furia asesina se abalanzó hacia el cuello de su madre, la apretó con una fuerza inhumana, al punto tal de que la madre cayó tendida al suelo dando manotazos para quitarse aquella diminuta pero imparable bestia de encima. Cuando estaba por terminar su labor, apareció la policía, alertada por los vecinos sobre los gritos de la niña un rato antes. Se necesitaron 2 oficiales robustos para separar a Argo de su madre, que a pesar de los esfuerzos de este para acabar con su vida, sobrevivió. 
  Lo que siguió no era sorpresa para nadie, su padre al caer en la cuenta de lo sucedido cayó en una depresión profunda y se suicidó de un disparo a la cabeza días después de lo ocurrido. Completamente abandonado, Argo se vió obligado a pasar su infancia y adolescencia en instituciones mentales, centros comunitarios y albergues transitorios. Nada parecía afectarle, pasaba la mayor parte del tiempo con su mirada perdida, evitando el contacto con los demás, hablando solo cuando era estríctamente necesario, estaba muerto en vida. Su humanidad ya era casi inexistente, a menudo tenía conflictos con los demás niños. En una ocasión, para vengarse de un matón que solía acosarlo y burlarse de la muerte de su hermana, se escabulló en la cocina del albergue, esperó a la hora de la comida y cuando se encendieron las ollas y sartenes bañó en aceite hirviendo al desgraciado, produciendole quemaduras en todo el cuerpo y dejándolo al borde de la muerte. 
  Era un caso perdido, destinado seguramente a una vida de delitos, hasta que un día, como por arte de magia, un misterioso ser apareció ante él una lluviosa noche de verano.
  -Es hermosa ¿No es así? La lluvia- dijo con voz templada el ser.
  Argo se limitó a sobresaltarse un poco, observó a la criatura, rodeada de un aura oscura, y continuó observando la lluvia.
  -No me ignores niño, pues estoy aquí para hacerte saber que lo que tanto buscas es posible.-
  -¿Cómo sabés lo que busco? Dudo que sepas siquiera mi nombre, lárgate bestia, no hay nada para ti aquí.- Dijo el niño irritado porque habían perturbado su concentración.
  -Que estupideces dices, Argo. Eres el elegido, me han enviado estrictamente en tu búsqueda, en busca de aquel que anhela sembrar el dolor y la desesperación entre los hombres.
  -Has captado mi interés, continúa.-
  -Por ahora solo vengo a advertirte, eres muy joven aún. Pero cuando el momento llegue deberás tomar una decisión. Hay mucho potencial en tu alma repleta de desesperación, tanto es así que el mismísimo general del Sexto Regimiento de las Bestias ha posado su ojo en ti. Si lo que realmente buscas es la destrucción de la raza humana, nos veremos en unos años, cuando hayas madurado, y te guiaré hasta lo más profundo del averno.
  -Si tanto sabes sobre mi, ya deberás saber cual es mi respuesta.- Dijo Argo con tono sarcástico.
  -Que pedante eres niño, eso me agrada. Nos vemos en unos años.- 

  Acto seguido la bestia se esfumó tan pronto como había aparecido y dejó al joven Argo fantaseando con un mundo sumido en gritos, fuego, dolor y sufrimiento. Y con una sonrisa dibujada en su inmutable rostro. 

Macabro viaje por una mente perturbada pt. 1

 Desde las alturas, en aquél desolado balcón, observaba la calle. Aquella gran avenida por la cual a diario transitaban miles de personas, sin siquiera notar su presencia. Allí pasaba las noches, llenando su corazón de odio, su mente de pensamientos aterradores, porque después de todo, solo deseaba ver sufrir a aquellas personas. No es que le hubiesen hecho nada particularmente malo, simplemente los odiaba. 
  Odiaba al ser humano, desde aquellas personas que le resultaban completamente desconocidas, pasando por su familia y conocidos, para terminar con él mismo. Desde que tiene memoria ha sido obligado a vivir en un mundo en el cual no encuentra lugar. Fingiendo sonrisas, conteniendo impulsos asesinos, ese era su día a día. Pero esa noche, había algo distinto. Una tensión capaz de crispar los cabellos de cualquiera se camuflaba en el aire. Como si algo fuese a pasar, algo o alguien.
  Una sombra comenzó a tomar forma detrás suyo, una forma similar a la de un humano, pero a su vez, mucho más tétrica. Parecía ser que a el no lo sorprendía esta figura que tan amenazante se posaba a sus espaldas, sino que, parecía haberla estado esperando.
-Tardaste más de lo que habíamos acordado.- Dijo él con un tono de disgusto.
-No me culpes, tenía que atender algunos asuntos antes de comenzar con este pequeño show.- Respondió la sombra, a la vez que en su horrible rostro se dibujaba una ligera sonrisa con tintes macabros.
 A continuación, la figura cortó la palma de su mano, con una de las afiladas uñas (o garras) que anunciaban el final de sus extremidades, dejando caer al suelo pequeñas gotas de sangre que formaban un pequeño charco. La sangre siguió cayendo de su mano, a la vez que ambos, tanto aquel decidido espectador de la humanidad como aquella silueta no se quitaban la mirada de encima, como si los dos estuvieran esperando que el otro hiciera algún movimiento.
 Una vez el suelo se vio repleto de sangre, el oscuro intérprete prosiguió diciendo:
- Tú, que te has hastiado del ser humano. Tú, el que se cansó de odiar a esta patética especie sin poder hacer nada significativo en su contra. Tú, que no temes entregarte a la maldad, serás recompensado. Se te otorgará el poder de las tinieblas, un poder con el cual las personas normales ni siquiera se atreverían a soñar. Serás el portador de una oscuridad capaz de arrasar ciudades enteras y reducirlas a cenizas. Serás el señor de las bestias, de los demonios que habitan los rincones más temibles del inframundo. Solo aquel que haya pasado los 5 castigos podrá pararse sin miedo frente a ti. Solo él podrá diezmar a tus legiones y solo él supondrá un peligro para tus planes. Sin embargo, deberás cruzar el mismísimo infierno, y deberás pagar un precio que muchos considerarían alto. Perderás la poca humanidad que aún conservas y créeme, sufrirás más de lo que piensas.
- Hablas demasiado para ser un demonio, ¿No te lo habían dicho? Simplemente llévame allí. No hay precio que no esté dispuesto a pagar, si con ello logro librar al mundo de esta asquerosa plaga que llaman "ser humano" con gusto pagaré. Ahora, calla bestia y condúceme a aquel infierno del que tanto me adviertes.
 El demonio rió, con una enorme carcajada que habrá hecho llorar a más de un niño, y dijo:

- Bien, veo que tu determinación es tan grande como tu ego, salta pues, sobre este charco de sangre y que comience el show. 

Continúa caminando

  La melancolía no suele pedirle permiso cuando le llegan las ganas de destrozarlo. Ya no se inmuta, se acostumbró al dolor de saberse solo en un mar de concreto con tiburones de acero. Sin saber porqué gira su ya cansada vista hacia lo que el cree es el horizonte ¿Cúantas noches habrá pasado mirando en esa dirección? Esperando que alguna luz ilumine su rostro y le haga olvidar el peso que lleva consigo. Ya poco importa, está cansado hasta de victimizarse, de culpar al mundo y a las insensibles bestias que caminan sobre el. Esta vez simplemente respira hondo, cierra los ojos y emprende su marcha. En algún momento se preguntó hacia donde se dirigía, más no encontró una respuesta. Las mentes más trilladas dirían que escapa de sus problemas, pero eso solo lo hacen aquellos que tienen esperanza y el no pertenece a esa estirpe. Es de los que llevan tan arraigados sus dolores que naturalmente los soportan, sabe que no tiene otra opción. Pues en este mundo de mentes egoístas resulta victima aquel que demuestra algo de humanidad. Recuerda antiguos amores, revuelve la olla de sus escasos bellos recuerdos intentando encontrar una sonrisa, aún sabiendo que eso es casi imposible. 

  Ya no encontrará formas de mitigar aquel fuego que de a poco consume su existencia, ya perderá aquella cordura que tantas veces le agarró la mano, ya no intenta sofocar sus gritos pues estos simplemente no tienen voz. Y así el eterno caminante continuará, poniendo un pie delante del otro, con la vaga esperanza en su alma de que su próximo paso lo encuentre con uno de esos seres que con un abrazo apagan cualquier llama. Después de todo, lo único que al fin recuerda es como caminar.

No te rindas

  La luna se mantiene en su lugar pero por alguna razón pareciese que crece. Aumenta su tamaño, a medida que mi cabeza se llena de preocupaciones y frustraciones, ella crece. Se alimenta de mi tristeza, de mis sueños rotos, de aquellos amores que jamás fueron, ella crece. Me tomó algo de tiempo darme cuenta pero ella crece porque yo me desvanezco. Jamás pude escribir cosas alegres, jamás pude plasmar aquella parte de mi que aún sonrie. Solo lágrimas de tinta y gritos escritos abundan en mis textos. Se adueñan de todo aquello que sale de mi mente y aquél que me lea sin conocerme sabrá del dolor que me aflige. Pero es tan difícil crear un universo repleto de risas y gozo cuando en este cielo se alzan nubarrones cargados de lluvia. No hay más que explicar ya, jamás lo hubo. Quisiera preguntarle a esta brisa que roza mi cara todo aquello que nunca me supe responder ¿Por qué sigo buscando? ¿Qué estoy buscando? Tanta intriga destroza cualquier alma, es imposible encontrar la respuesta cuando no sabes la pregunta. Vago en el desierto que yo mismo creé, rodeado de mis creaciones que sufren igual que su tonto creador.
  Crear, es lo único que queda por hacer, crear y aguantar. Crear lo que sea, donde sea, como sea. No preguntar qué es ni que significa. No fijarse en detalles, simplemente descargar este espíritu en papel, virtualmente, como sea. No esperes más iluso, la respuesta debe estar allí afuera, junto con la pregunta. Por última vez pedile a la vida otro trago, tomalo con calma, nadie te apura, solo vos. No intentes mirar atrás, nadie te recuerda, nadie te reconoce, solo vos. Más cada recuerdo que forma parte de tus pilares se desvanecen y allí quedás, indefenso, a la deriva. 
  Yo te vi crecer, te vi ganar y te vi perder, más que nada perder. Te vi llorar, te vi reir, sobre todo llorar. Te vi gritar y te vi abrazar. Yo y solo yo te acompañé a cada paso y solo yo te acompañaré a tu última cena. No desperdicies lágrimas en seres que no te recuerdan, pues nadie muere acompañado. Esta vez te tomo la mano, porque soy el único que sabe realmente lo que sufriste, y te levanto. Estás lleno de tierra, cansado de caerte y con una lágrima de niño de diez años, me resulta imposible verte y no querer llorar contigo. 

  Pero no me reconoces, a mi, a quien jamás te abandonó a pesar de todo, me mirás asustado, como si fuera a hacerte daño. Ya no diferencias una caricia de una patada, y eso me produce odio. Odio con el mundo, que no supo darte nada, odio con los que te rodean, que a pesar de simular no pueden ocultar que para ellos sos completamente prescindible. Y todavía no me reconoces. Soy YO, soy vos mismo, soy la parte de tu alma que se rehúsa a darse por vencido. Incontables veces te he levantado, demasiadas te he abrazado para que no colapses. Soy aquel fragmento de tu ser que todavía quiere vivir. Una vez más te tomo de la mano y te digo: NO TE RINDAS, TODAVÍA QUEDA MUCHO CAMINO POR RECORRER. 

  Allí se encontraba, aquellos inconstantes relámpagos iluminaban su rostro, aquel rostro impregnado de maldad y decisión. Había logrado lo que ellos querían, demostrar que era capaz de quitar una vida. No sabía como debía sentirse, después de todo, lo habían "obligado" a hacerlo, pero le era imposible negar que lo había disfrutado. Ahora era oficialmente el niño más fuerte de allí, los demás lo respetaban y le temían. Aquel mórbido acto le había dado muchísimo poder, poder que no pretendía desperdiciar. Comenzó su discurso con una voz imponente para un niño de su edad, llena de furia y de autoridad. Les ordenó esparcir el caos, les ordenó a no temer, a dar su vida si era necesario. Nadie se opuso, el era ahora su comandante, el daba las directivas ahora y aquel que se opusiera terminaría igual que el último comandante, sin vida, en el suelo, cubierto de sangre. 
  No tardó en acostumbrarse a sus nuevas habilidades, siempre había soñado con ser más que los demás. Experimentaba en los más débiles, los azotaba contra las paredes, los desintegraba mientras ellos rogaban piedad. No le importaba su edad, ni su sexo, ni siquiera si habían sido compañeros de habitación. Ahora él estaba en control y sus acciones no serían criticadas. 
  Su ejército se fortalecía, aquellos niños sin alma gobernaban de a poco las calles, asesinando gente, incendiando casas, nada parecía poder detenerlos. Y su lider, sentado en su trono, supervisaba todo con una diabólica sonrisa dibujada en su joven rostro. 
  La gente, asustada por aquel grupo de niños con habilidades sobrenaturales temía salir de sus casas. No los miraban a los ojos, clavando su mirada en el suelo mientras caminaban con paso firme. Pero eran niños, y como tales, caprichosos. No hacía falta que les dieran una razón para matarlos, ellos simplemente lo hacían. Los alzaban con el simple poder de sus mentes sobre sus pequeñas cabezas y una vez que estuvieran en el aire, en plena vista de todos, los hacían estallar en mil pedazos. 
  Ni la peor dictadura se comparaba con aquel reinado. La gente suele pensar que los niños son puros, inocentes, pero no todos son así. Algunos están podridos por dentro, y son poseedores de una maldad sin igual. Estos eran de ese tipo, niños sin piedad, con mentes retorcidas y malvadas y además, poseedores de un poder sin igual.
  Todo indica que esto continuaría, que este horrible gobierno impuesto por la fuerza y la amenaza inminente de una muerte dolorosa seguiría sin fecha de vencimiento. Y así fue, al menos por 10 años más, hasta que en alguna parte de algún basurero olvidado por el mundo, se comenzó a formar una fuerza de choque que estaría dispuesta a enfrentarse a estos demonios con cara de niños.


Desvarío de una noche de insomnio

 Cuando el sueño sufre ese maldito capricho de irse hacia quién sabe donde y el cuerpo completamente desprovisto de este surge un curioso ambiente de meditación. Cosas que quizás no solemos analizar durante el día suelen cobrar una importancia existencial durante la noche. Quizás se deba a que uno intenta pensar en cualquier otra cosa que no sea "bueno cuando el sueño se acuerde de esta cansada mente estaré en plena mañana lo que conlleva dormir toda la tarde y perder nuevamente la oportunidad de hacer algo productivo o de crecimiento personal para con mi vida" o quizás sea que el silencio y el romántico ambiente de una noche cerrada nos inducen a pensar acorde a ellos. 
  Sea cual sea la razón de este peculiar proceso de razonamiento puedo decir con seguridad que gran parte de los descubrimientos realizados sobre mi vida y mi posición en este mundo se han dado bajo las condiciones anteriormente nombradas. La cadena de ideas que surge naturalmente en estas situaciones, al menos en mi caso, es más o menos así: "Es una hermosa noche, pero sería aún más hermosa si tuviera alguien con quien compartirla", "Pero ese alguien debería ser la persona indicada, me sentiría muy incómodo compartiendo este tipo de análisis existencial con alguien por el cual no sintiera nada", "¿Faltará mucho tiempo para que conozca a aquella persona que hará temblar mi existencia?", "Bueno, quizás esa persona ya apareció en mi vida y simplemente no siente lo mismo por mi", "O quizás soy de ese escaso 1% destinado a morir solo cuestionándose el significado de la vida con un vaso de whisky en una mano, un cigarrillo en la otra en una habitación mal iluminada respirando un aire cargado de humo y energía negativa", "Eso ya sería ser demasiado dramático, habiando más de siete mil millones de personas en el mundo es casi imposible que no encuentre el amor en los 60 0 70 años de vida que me quedan", "¿60 o 70?¿No estaré siendo demasiado optimista? El ritmo y la calidad de vida que llevo sumado a vivir en un constante estado de semi-depresión indican que voy a estar lejos de llegar a esa cantidad de años vividos", "Bueno eso significa que si no tengo tanto tiempo al menos debería empezar a hacer algo de suma importancia, algo por lo que se me recuerde o al menos algo que distraiga mi atención del hecho de verme rodeado de un mundo y una sociedad que no comparten muchos de mis intereses", "Esto sería mucho más fácil de debatir si tuviera una opinión externa y no solo a mi cínica mente recordándome lo fácil que es caer en un abismo de constante negatividad", "Ojalá tuviera alguien con quien compartir estos pensamientos", "Pero debería ser alguien con quien me sienta cómodo, alguien con quien pueda sentir amor o algo similar"...
  Es así como sin darme cuenta termino atrapado en un círculo vicioso que si bien puede empezar con cualquier insignificante pensamiento, como por ejemplo: "¿Qué se sentirá morir en una avalancha?" siempre terminará con una revelación al estilo: "Esta vida carece de cualquier sentido. Si bien puedo disfrutar mi existencia e intentar dejar un futuro para que los que vengan después de mi tengan una existencia similarmente provechosa, todo esto se convierte en algo inútil ya que no me produce satisfacción inmediata o duradera. En mi interior sigo igual de insatisfecho tanto a nivel físico como a nivel emocional y existencial." 
  Tales pensamientos no tratan de ser originales o controversiales, miles de personas deben sentirse igual a diario, como yo, pero eso no quita el hecho de que se vuelva bastante molesto llevar adelante una existencia donde cada paso es analizado y criticado por mi mismo. Sin embargo el hecho de poder llevar a cabo tales procesos de razonamiento me llena de un tipo bastante suave de orgullo, significa que aún conservo gran parte de la materia gris que creía tener. 
  Estos razonamientos siempre están teñidos de cierta positividad o negatividad, dependiendo de en qué época esté mi ser. Hace unos años mis conclusiones hubieran sido más o menos así: "Esta sociedad no merece contemplación alguna. Cada persona que me rodea y que veo sumida en su propia ignorancia merece morir y toda aquella persona que haya sabido ignorar mi valor personal merece morir igualmente, pero de forma más dolorosa. No importa si no encuentro el verdadero amor, ya que el amor es un invento de la decadente moral humana para satisfacer un deseo de falta que podemos llenar nosotros mismos. Después de todo sigo teniéndome a mi mismo, y es todo lo que necesito, váyanse a la mierda todos, en especial aquellas mujeres a las que les entregué lo mejor de mi y no supieron ni quisieron valorarlo por ir en pos de una persona con mejor físico o de mayor carisma." Hoy en día, con un poco más de experiencia en mi haber, habiendo analizado con un poco más de imparcialidad el mundo que me rodea, mis conclusiones podrían ser de este tipo: "Es imposible que muera sin encontrar el verdadero amor. Debería aprovechar esta etapa de mi vida para realizarme como persona sin preocuparme por contraer compromisos dignos de etapas más avanzadas. El amor es algo hermoso como sentimiento pero tiene sus contras. El ser humano no necesita de otra persona para encontrar un sentimiento de gozo de la vida. Después de todo soy muy joven y me encanta este sentimiento de poder hacer casi lo que quiera sin tener ningún tipo de miramientos por lo que me puedan decir. Tengo mucho tiempo para hacer todo lo que me proponga y nunca es tarde para cambiar mi calidad de vida."

  Podría escribir horas sobre estos razonamientos pero el pensamiento final y más concluyente siempre termina siendo: "Otra vez está amaneciendo, debería hacer algo con este desorden del sueño."