Otra
vez despertaba sudado, agitado, con un grito sofocado en su garganta. Ya estaba
cansado. Cada vez más seguido le ocurría esto. Tenía horrendas pesadillas que le
perturbaban el sueño. La medicación que le habían recetado cada vez le
hacía menos efecto. Estaba exhausto, como cualquiera lo estaría al tener tan
poco descanso como él. Pero esto, fuera de ser un simple trastorno del sueño,
parecía ocultar algún tipo de mensaje. En sus pesadillas, aparecía en el cuerpo
de otra persona, un joven, como él, de unos veinte y tantos años. Vestía con un
traje de impecable negro y caminaba con una elegancia digna de cualquier
aristócrata europeo. Ese no era él mismo, lo sabía. Estaba atrapado en el
cuerpo de alguien más en aquellas pesadillas, pero esto era solo la menor de
sus preocupaciones. En estas pesadillas, él, o aquel joven, caminaba a través
de edificios abandonados, de lugares en los que se respiraba tristeza y
soledad, sin detenerse. Parecía estar buscando algo. A veces, se cruzaba con
indigentes que habitaban estos edificios aparentemente vacíos y es aquí donde
sus pesadillas comienzan a tornarse perturbadoras.
Este joven, en el cual habitaba durante sus sueños, no tenía ningún reparo en
asesinar a sangre fría a cualquier persona que se cruzara en su todavía
indefinida búsqueda. Irritado, seguramente por no hallar lo que esperaba,
asesinaba a golpes a quien no le diera las respuestas que necesitaba.
Asesinaba, sin compasión, sin dudarlo, como si de un experto asesino se
tratara. Con un sadismo increíble, casi parecía que lo necesitaba, como si la
muerte de estas personas saciara un poco aquella ansiedad que no podía calmar
con nada, excepto encontrando lo que sea que estuviese buscando.
Esto no hacía más que inquietarlo aún más: ¿Por qué soñaba aquellas terribles
cosas? ¿Qué significado tenían estas pesadillas? ¿Quién era aquella persona de
la cual el tomaba posesión en sus sueños? y sobre todo ¿Qué es lo que buscaba con tanta
desesperación?
Estas interrogantes rondaban en su cabeza todo el día, su rendimiento en el
trabajo se veía afectado por la falta de sueño, más todo su entorno social
parecía notar que algo no andaba bien. La fatiga ya se había esparcido en todos
los aspectos de su vida. Cansado, intentó encontrar respuestas. Buscó en
Internet informes policiales que le confirmaran o negaran la realidad de los
asesinatos que presenciaba en sueños. Tenía la esperanza de que no fueran nada
más que eso, sueños, horribles y mórbidos, pero sueños al fin. Sin embargo, algo dentro suyo le decía que no
tendría esa suerte, que algo más se ocultaba detrás de estos terribles
presagios, y así fue.
Encontró varios informes que daban cuenta de un gran número de victimas, unas 8
hasta ahora, todos vagabundos e indigentes, gente a la que nadie lloraría.
Todas las victimas habitaban en antiguos edificios abandonados y habían sido
asesinadas presuntamente durante la noche. Esto inquietó al protagonista de
nuestra historia, de manera tal que por su cabeza cruzó la idea de dejar toda
esta búsqueda e intentar conseguir algún tipo de medicación extremadamente
fuerte o algo por el estilo. Sin embargo, vio una última coincidencia en todas
estas victimas, una que le heló el alma. Si bien todas las escenas del crimen
se encontraban repletas de sangre de las victimas y el cuerpo de las mismas se
encontraba siempre destrozado e incluso a veces desmembrado, estas atrocidades
se habían cometido post-mortem o sea, después de que la víctima muriera. Un
artículo de un diario local citaba: "Las
victimas se encontraban ya muertas cuando se realizaron estos atroces actos a
sus cadáveres. La policía forense no ha podido determinar la causa de muerte de
dichas victimas, pareciese que les hubiesen extraído el alma del cuerpo."
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