jueves, 14 de agosto de 2014

El portador de lágrimas pt.1

  Otra vez despertaba sudado, agitado, con un grito sofocado en su garganta. Ya estaba cansado. Cada vez más seguido le ocurría esto. Tenía horrendas pesadillas que le perturbaban el sueño. La medicación que le habían recetado cada vez le hacía menos efecto. Estaba exhausto, como cualquiera lo estaría al tener tan poco descanso como él. Pero esto, fuera de ser un simple trastorno del sueño, parecía ocultar algún tipo de mensaje. En sus pesadillas, aparecía en el cuerpo de otra persona, un joven, como él, de unos veinte y tantos años. Vestía con un traje de impecable negro y caminaba con una elegancia digna de cualquier aristócrata europeo. Ese no era él mismo, lo sabía. Estaba atrapado en el cuerpo de alguien más en aquellas pesadillas, pero esto era solo la menor de sus preocupaciones. En estas pesadillas, él, o aquel joven, caminaba a través de edificios abandonados, de lugares en los que se respiraba tristeza y soledad, sin detenerse. Parecía estar buscando algo. A veces, se cruzaba con indigentes que habitaban estos edificios aparentemente vacíos y es aquí donde sus pesadillas comienzan a tornarse perturbadoras. 
  Este joven, en el cual habitaba durante sus sueños, no tenía ningún reparo en asesinar a sangre fría a cualquier persona que se cruzara en su todavía indefinida búsqueda. Irritado, seguramente por no hallar lo que esperaba, asesinaba a golpes a quien no le diera las respuestas que necesitaba. Asesinaba, sin compasión, sin dudarlo, como si de un experto asesino se tratara. Con un sadismo increíble, casi parecía que lo necesitaba, como si la muerte de estas personas saciara un poco aquella ansiedad que no podía calmar con nada, excepto encontrando lo que sea que estuviese buscando.
  Esto no hacía más que inquietarlo aún más: ¿Por qué soñaba aquellas terribles cosas? ¿Qué significado tenían estas pesadillas? ¿Quién era aquella persona de la cual el tomaba posesión en sus sueños? y sobre todo ¿Qué es lo que buscaba con tanta desesperación? 
  Estas interrogantes rondaban en su cabeza todo el día, su rendimiento en el trabajo se veía afectado por la falta de sueño, más todo su entorno social parecía notar que algo no andaba bien. La fatiga ya se había esparcido en todos los aspectos de su vida. Cansado, intentó encontrar respuestas. Buscó en Internet informes policiales que le confirmaran o negaran la realidad de los asesinatos que presenciaba en sueños. Tenía la esperanza de que no fueran nada más que eso, sueños, horribles y mórbidos, pero sueños al fin. Sin embargo, algo dentro suyo le decía que no tendría esa suerte, que algo más se ocultaba detrás de estos terribles presagios, y así fue.
  Encontró varios informes que daban cuenta de un gran número de victimas, unas 8 hasta ahora, todos vagabundos e indigentes, gente a la que nadie lloraría. Todas las victimas habitaban en antiguos edificios abandonados y habían sido asesinadas presuntamente durante la noche. Esto inquietó al protagonista de nuestra historia, de manera tal que por su cabeza cruzó la idea de dejar toda esta búsqueda e intentar conseguir algún tipo de medicación extremadamente fuerte o algo por el estilo. Sin embargo, vio una última coincidencia en todas estas victimas, una que le heló el alma. Si bien todas las escenas del crimen se encontraban repletas de sangre de las victimas y el cuerpo de las mismas se encontraba siempre destrozado e incluso a veces desmembrado, estas atrocidades se habían cometido post-mortem o sea, después de que la víctima muriera. Un artículo de un diario local citaba: "Las victimas se encontraban ya muertas cuando se realizaron estos atroces actos a sus cadáveres. La policía forense no ha podido determinar la causa de muerte de dichas victimas, pareciese que les hubiesen extraído el alma del cuerpo."


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