¿A quién le va a
reclamar? Una vez más es su propio verdugo, castigándose por sus fracasos, sin
importar los desvelos de la noche anterior.¿Con quién se quejará? Si solo él se
escucha en aquellas noches de insomnio, cuyos oídos sordos simplemente se ríen
de él. Ya extraña los brazos de su madre, aquella noche de sollozos que le
gritaban a su oído recién nacido: no habrá quien responda las quejas de quien
no sufra realmente.
Por primera vez en su vida, siente temor. Siente lo que es seguir caminando, sin luces a sus costados, sin manos que lo palmeen, sin aullidos que lo compadezcan. Ya no aguanta, pero: ¿A quién le va a reclamar? Pues todos siguen asentada la monotonía de su realidad, sin reparar en que quizás, y solo QUIZÁS, aquel mudo que no tiene con quien quejarse, quiera llorar.
Por primera vez en su vida, siente temor. Siente lo que es seguir caminando, sin luces a sus costados, sin manos que lo palmeen, sin aullidos que lo compadezcan. Ya no aguanta, pero: ¿A quién le va a reclamar? Pues todos siguen asentada la monotonía de su realidad, sin reparar en que quizás, y solo QUIZÁS, aquel mudo que no tiene con quien quejarse, quiera llorar.
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