jueves, 14 de agosto de 2014

El creador de infiernos

  A medida que el comienzo de esta angustiosa rutina lo entierra en sus pensamientos, se ve más y más atraído hacia aquella fugaz visión que creyó tener hace poco. 
  Duró un segundo, pero un segundo que pareció eterno. Allí estaba él, mojándose la cara en el lavatorio, respirando hondo para continuar y no derrumbarse, cuando algo lo sorprendió. Al levantar la mirada hacia el espejo ante él vió un mundo completamente distinto. Un cielo rojo por el fuego se alzaba imponente, gritos de dolor y miedo ensordecían sus oídos. Comprobó inmóvil como seres de pesadilla atormentaban y castigaban a cuanta persona encontraran. Se sintió invadido por el pánico, pero luego comenzó a disfrutarlo. La sensación de que la gente estaba siendo castigada por sus acciones, sus pieles derretidas por el fuego y sus gritos sofocados por las lanzas y los tridentes de aquellos demoníacos seres, lo llenaba de gozo. En ese lugar tan horrendo y a la vez tan hermoso pudo ver los rostros de aquellas personas que lo lastimaron, de quienes lo ignoraron o desvalorizaron, de quienes lo olvidaron. Y una sonrisa macabra se dibujó en su rostro. 
  Pero todo esto duró poco, la visión se había esfumado de manera tan repentina como apareció, y lo devolvió al mundo real. A aquél dolor de máquinas y burocracia, a aquel sollozo de teléfonos sonando, vehículos que no van a ningún lado, caras desprovistas de emociones y tinta que se pega a la piel. La decepción que sintió fue enorme. Volvía a ser parte de esta cadena sin sentido que es la vida rutinaria, y le dolía no tener otra opción que aceptarlo. 
  Pero mientras regresaba a su escritorio un pensamiento cruzó velozmente por su cabeza impregnándolo de adrenalina y emoción: Si ese infierno no existe aquí, entonces yo mismo lo crearé. Y traeré el sufrimiento a este mundo tan repugnante, ningún alma se salvará de este castigo.

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