jueves, 14 de agosto de 2014

Continúa caminando

  La melancolía no suele pedirle permiso cuando le llegan las ganas de destrozarlo. Ya no se inmuta, se acostumbró al dolor de saberse solo en un mar de concreto con tiburones de acero. Sin saber porqué gira su ya cansada vista hacia lo que el cree es el horizonte ¿Cúantas noches habrá pasado mirando en esa dirección? Esperando que alguna luz ilumine su rostro y le haga olvidar el peso que lleva consigo. Ya poco importa, está cansado hasta de victimizarse, de culpar al mundo y a las insensibles bestias que caminan sobre el. Esta vez simplemente respira hondo, cierra los ojos y emprende su marcha. En algún momento se preguntó hacia donde se dirigía, más no encontró una respuesta. Las mentes más trilladas dirían que escapa de sus problemas, pero eso solo lo hacen aquellos que tienen esperanza y el no pertenece a esa estirpe. Es de los que llevan tan arraigados sus dolores que naturalmente los soportan, sabe que no tiene otra opción. Pues en este mundo de mentes egoístas resulta victima aquel que demuestra algo de humanidad. Recuerda antiguos amores, revuelve la olla de sus escasos bellos recuerdos intentando encontrar una sonrisa, aún sabiendo que eso es casi imposible. 

  Ya no encontrará formas de mitigar aquel fuego que de a poco consume su existencia, ya perderá aquella cordura que tantas veces le agarró la mano, ya no intenta sofocar sus gritos pues estos simplemente no tienen voz. Y así el eterno caminante continuará, poniendo un pie delante del otro, con la vaga esperanza en su alma de que su próximo paso lo encuentre con uno de esos seres que con un abrazo apagan cualquier llama. Después de todo, lo único que al fin recuerda es como caminar.

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