miércoles, 11 de marzo de 2015

De las tres veces que soñé con vos, esta fue la peor

 Mentiría si dijera que no disfruté verte al menos en sueños, traspasar esa barrera tecnológica que nos "unió" en tan poco tiempo para al fin tenerte frente a frente, verte a los ojos, verte reir. En todo momento supe que era mentira, que todo fue producto de mi subconciente, pero era tan divertido pasear a tu lado, escucharte hablar sin parar sobre cosas que no tenían sentido, me desentendí durante un rato de la carga de ser yo. 
   En mi primer sueño te invité a pasear, un viaje atrevido cargado de adrenalida, sin querer te hice conocer mi lado impulsivo, te demostré que si bien mis decisiones muchas veces son malas, siempre las tomo con el corazón. Al despertar me deshice de risa al ver la realidad, y ese día puedo jurar que no hubo nubes. Me hiciste pensar, sin siquiera saberlo, en como algo que jamás pasó puede mejorar mi humor, ese fue un gran día.
   La segunda vez que soñé con vos, empecé a codearme nuevamente con mi pesimismo, me gritabas y te enojabas por algo que no lograba entender, yo solo me mudé a esa pocilga de ciencias arcanas para tenerte cerca, más solo obtuve tu odio y tu rencor. No entendía que pasaba, solo quise darte lo mejor de mi para verte bien, y antes de cerrar los ojos, esperaba que en alguna parte estuvieras teniendo un sueño placentero. Que iluso puedo ser cuando me dejo llevar por mis fantasías, y no es fantasear mi preocupación, sino el no poder disfrutar mis delirios: quería invitarte nuevamente a andar en bicicleta hasta que se hiciera de noche y poder preguntarte cualquier cosa con tal de escucharte una vez más.
   Pero el tercer sueño, ese que tuve al final de un día agotador fue, por mucho, el peor de todos. Desde que pisé las tierras de mis engaños supe que algo malo pasaría, y supe que tendría que ver con vos, pero no iba a despertar. No pensaba abrir los ojos hasta verte una última vez, después de todo, no tengo apuro por volver a soñar con infiernos. Te hablé sobre mis historias, mis cuentos de niños rodillas raspadas y te pedí que jugaras un rato conmigo, hicimos de todo en mi mentira menos jugar. Mostraste total indiferencia ante mí, me dejaste bien en claro que no hay nada poético en engañarse a uno mismo y que ni siquiera en mis sueños puedo darme el lujo de divertirme. Bueno, no es que esperase algo más que decepción, siempre veo eso en la gente desde el primer saludo y preparo mi escudo para distanciarme del dolor. Pero te juro que no quería hacerlo, no quería desconfiar, quería que me lastimes, que me muestres que ya tengo que dejar de buscar algo que no va a llegar. Así que me abrí una vez más, una última vez, y dejé que apuñalaras sin piedad. Quiero aprender del dolor, volcar mi desesperación a un papel de mártir inventado, absorver el daño de cosas que nunca pasaron y tomarlo como reales vivencias.
   Lo bueno de haberte soñado tres veces fue que llegué a conocerte sin haberte visto a los ojos realmente, pude escucharte, vi mover tus labios sin para y no hice nada para detenerte. Hablame, hablame hasta que pierda las ganas de responderte y solo me quede en silencio para apreciarte. Ya no voy a volver a soñar con vos, no porque no quiera, sino porque sé que así será. Me mato de a poco cuando duermo, algún día despertaré con el alma muerta y sabré que aprendí de sufrir, todo lo que había para aprender. Gracias una vez más, y si por azares del destino te llego a ver en alguno de mis engaños nocturnos, quiero que me hables sobre lo que nunca pasó. Contame que hubiese pasado si nos hubieramos lastimado realmente, endulzame el oído relatándome tu día, demostrame como llorar es cosa de débiles y esta vez, quiero que seas vos la que me invite a pasear en bicicleta hasta que no veamos la luz del sol.