Mentiría si dijera que no disfruté verte al menos en sueños, traspasar esa barrera tecnológica que nos "unió" en tan poco tiempo para al fin tenerte frente a frente, verte a los ojos, verte reir. En todo momento supe que era mentira, que todo fue producto de mi subconciente, pero era tan divertido pasear a tu lado, escucharte hablar sin parar sobre cosas que no tenían sentido, me desentendí durante un rato de la carga de ser yo.
En mi primer sueño te invité a pasear, un viaje atrevido cargado de adrenalida, sin querer te hice conocer mi lado impulsivo, te demostré que si bien mis decisiones muchas veces son malas, siempre las tomo con el corazón. Al despertar me deshice de risa al ver la realidad, y ese día puedo jurar que no hubo nubes. Me hiciste pensar, sin siquiera saberlo, en como algo que jamás pasó puede mejorar mi humor, ese fue un gran día.
La segunda vez que soñé con vos, empecé a codearme nuevamente con mi pesimismo, me gritabas y te enojabas por algo que no lograba entender, yo solo me mudé a esa pocilga de ciencias arcanas para tenerte cerca, más solo obtuve tu odio y tu rencor. No entendía que pasaba, solo quise darte lo mejor de mi para verte bien, y antes de cerrar los ojos, esperaba que en alguna parte estuvieras teniendo un sueño placentero. Que iluso puedo ser cuando me dejo llevar por mis fantasías, y no es fantasear mi preocupación, sino el no poder disfrutar mis delirios: quería invitarte nuevamente a andar en bicicleta hasta que se hiciera de noche y poder preguntarte cualquier cosa con tal de escucharte una vez más.
Pero el tercer sueño, ese que tuve al final de un día agotador fue, por mucho, el peor de todos. Desde que pisé las tierras de mis engaños supe que algo malo pasaría, y supe que tendría que ver con vos, pero no iba a despertar. No pensaba abrir los ojos hasta verte una última vez, después de todo, no tengo apuro por volver a soñar con infiernos. Te hablé sobre mis historias, mis cuentos de niños rodillas raspadas y te pedí que jugaras un rato conmigo, hicimos de todo en mi mentira menos jugar. Mostraste total indiferencia ante mí, me dejaste bien en claro que no hay nada poético en engañarse a uno mismo y que ni siquiera en mis sueños puedo darme el lujo de divertirme. Bueno, no es que esperase algo más que decepción, siempre veo eso en la gente desde el primer saludo y preparo mi escudo para distanciarme del dolor. Pero te juro que no quería hacerlo, no quería desconfiar, quería que me lastimes, que me muestres que ya tengo que dejar de buscar algo que no va a llegar. Así que me abrí una vez más, una última vez, y dejé que apuñalaras sin piedad. Quiero aprender del dolor, volcar mi desesperación a un papel de mártir inventado, absorver el daño de cosas que nunca pasaron y tomarlo como reales vivencias.
Lo bueno de haberte soñado tres veces fue que llegué a conocerte sin haberte visto a los ojos realmente, pude escucharte, vi mover tus labios sin para y no hice nada para detenerte. Hablame, hablame hasta que pierda las ganas de responderte y solo me quede en silencio para apreciarte. Ya no voy a volver a soñar con vos, no porque no quiera, sino porque sé que así será. Me mato de a poco cuando duermo, algún día despertaré con el alma muerta y sabré que aprendí de sufrir, todo lo que había para aprender. Gracias una vez más, y si por azares del destino te llego a ver en alguno de mis engaños nocturnos, quiero que me hables sobre lo que nunca pasó. Contame que hubiese pasado si nos hubieramos lastimado realmente, endulzame el oído relatándome tu día, demostrame como llorar es cosa de débiles y esta vez, quiero que seas vos la que me invite a pasear en bicicleta hasta que no veamos la luz del sol.
El peculiar recorrido por tierras oníricas y retorcidas observaciones de la vida cotidiana, ni más, ni menos.
miércoles, 11 de marzo de 2015
jueves, 14 de agosto de 2014
Lo que queda atrás
Hoy me encuentro ante la nada que yo mismo elegí. Veo las consecuencias de mis acciones, de mis malas decisiones y de mis pocas ganas de un futuro brillante. Veo al hombre que fui, al niño que intenté no olvidar, veo lo que no quiero ser. Y a pesar de que veo todo, no quiero nada. Llegué al final que nadie quiere ver, el final de la voluntad. Llegué a donde no me quiero volver a ver jamás, a donde se pierde el fuego del alma. Y ahora, en este rincón olvidado del mundo, lo único que anhelo es un final sin dolor. Un viaje rápido sin recuerdos, sin arrepentimientos, sin recriminaciones. Se acabó la mentira de la sonrisa, y las letras que danzan en elogios, se acabó la postura que sostuvo como un guerrero todos estos golpes, ya no necesito fingir. Me despido, sin reproches, sin odio, sin lágrimas, simplemente me despido. Lo hago sin palabras, con pocos gestos, sin nada que decir y todo guardado dentro. Ahorro de llantos y penas es lo mejor que podemos hacer en este mal parido día, pues no habrá respuesta. Lo único que me queda por decir, es que no busquen una olla de oro al final del arcoiris, ni suerte en los pétalos de cuatro hojas. El hombre forja su camino, el cobarde recorre el que forjaron los demás, y yo no recorro ninguno. No busco gloria, ni renombre, ni siquiera importancia, ni que me recuerden. Busco un fin, un cierre y a otra cosa, y lo que no veo más, ni quiero ver. No se esperen nada de mí, pues soy nada, y no llenen el vacío con nada, pues soy todo. Ya no más, no más ahora, no más siempre. Guiño el ojo y me voy, pues no quiero verlos más. A mi barquero le pido sea amable, y me de conversación mientras viajamos a mi último destino. No quiero aburrirme ni pensar en lo que dejo atrás, solo quiero ver hacia adelante. Y a todo lo que quedó atrás, le pido que permanezca ahí.
Human being
Pues es en aquella oscuridad donde el hombre se conoció. Allí se sintió, e intentó aprender sus limites. Se le dijo al humano que no cruce donde no se debe cruzar. Que no haga preguntas, que no sueñe. Y el humano intentó obedecer. Silenció la llama de la curiosidad y plantó la semilla de la ignorancia en cerebros por crecer. Pero no todo humano se sentía cómodo obedeciendo. No todos deseaban vivir en la oscuridad.
Es cuando se enciende aquél fuego que jamás se apaga por completo, que descubrimos de lo que somos capaces. Pues el limite siempre fue el cielo, y no hay cielo qie pueda contener tanta ambición. Y la emoción no terminará mientras hayan humanos que guarden el poder de querer y hacer. De crear e intentar. De caer y levantarse.
Y mientras que nuestra vida no es más que un parpadeo en la vida del universo, siempre se puede trascender. Y creamos que solo somos tan grandes como nuestros actos nos reflejan. Así que actuemos, hoy y siempre.
Es cuando se enciende aquél fuego que jamás se apaga por completo, que descubrimos de lo que somos capaces. Pues el limite siempre fue el cielo, y no hay cielo qie pueda contener tanta ambición. Y la emoción no terminará mientras hayan humanos que guarden el poder de querer y hacer. De crear e intentar. De caer y levantarse.
Y mientras que nuestra vida no es más que un parpadeo en la vida del universo, siempre se puede trascender. Y creamos que solo somos tan grandes como nuestros actos nos reflejan. Así que actuemos, hoy y siempre.
Quejas de rutina
¿Ya es lunes? Ni cuenta me di. Parpadeo mientras bostezo e intento que no se me
caiga ningún sueño mientras me visto. Agarro el documento, la maldita sube que
tan imprescindible me es ya y salgo. Bajo los escalones con la posibilidad en
mente de que me tropiece y muera, pensamientos de lunes. Y el colectivo pasa
mientras el chófer con una sonrisa burlona me mira como diciendo: "seguí participando".
Y lo hago, sigo esperando, porque como muchos, tengo la urgente prioridad de
llegar a un trabajo de mierda donde no me pagan nada. Y en ese viaje de poco
más de una hora veo rostros cansados, cruzamos miradas y nos odiamos sin
conocernos. Leo mi libro, procuro no ver a nadie, prefiero creer durante un
rato que todo esto es solo una etapa. Y de pronto, el pánico, la horrible
visión de llegar a los 40 años y seguir igual hace tambalear mi cordura. Sacudo
mi cabeza y me recuerdo que aún estoy a tiempo, que las cosas pueden cambiar.
Me enamoro un par de veces, no conozco sus nombres y aunque me interesaría
conocerlos, ellas no sienten el mismo interés por mi. Pero no hay caso, no por
esta soledad voy a frenar mi compromiso con sentirme para la mierda. Y mientras
cruzo parque centenario me pregunto si es normal esta pena, si el resto de las
sonrisas son tan fingidas como la mía. Debe ser el colectivo, la rutina
consigue colocarlo a uno ante su más negativo rostro.
Así es como dejo atrás por un rato mis ganas de asesinar al mundo y llamo a la
cancha a mis ganas de vivir y reír. Mis desamores ahora me provocan risa, y me
río del colectivo que pasó y me dejó de recuerdo un pantalón lleno de sanja. Me
río de la gente que se abalanza hacia el fondo del colectivo como huyendo de
algo, o buscando algo. Me río de que mi jefe me fume los cigarrillos, y del
descontento de mi compañero con la vida. Me río de la monotonía, de la rutina,
hasta que recuerdo que nada cambia. Aunque todos te aseguren que todo esto es
una etapa de tu vida, esto solo es verdad si vos mismo lográs que así sea. Yo
no voy a seguir regalando mi tiempo, ni voy a seguir desperdiciando momentos. Y
el día de mañana me encontrará libre, rodeado de quienes disfrutan que los
disfrute, de las mismas ansias de querer conocer el mundo que poseo desde que
tengo memoria.
Que utópico y soñador puede ser uno cuando se encuentra atrapado en un mundo
que no le agrada, pero después de todo: ¿Quién
no odia un poquito a todos? Si
es ese sabor amargo del desear que una bomba destruya todo lo que nos mantiene
cuerdos cuando no hay más lugar en el subte. Es esa esperanza de que una
tormenta de fuego o una plaga de zombies nos condene a todos lo que nos da un
segundo respiro cuando te enteraste que cortaron el puente Alsina porque no les
parece suficiente lo que el gobierno les paga por reproducirse como conejos.
Pero, ¿Sabés qué? Aumentaron de nuevo el boleto, y ahora pago $3,50 todos los
días de ida y $3,50 de vuelta, ¿No
te alegra el día eso? Y no te
olvides de que aquél tipo de mirada sospechosa te está siguiendo hace tres
cuadras. No parece querer tener una charla amistosa, diría yo que está mirando
tu celular. Pero no vayas a negárselo, no sea cosa de que te vuele los sesos de
un tiro. Porque si mueres, algún comisario se quejará de tener que acudir a su
deber. No vayas a complicarle
la vida a nadie, y tratá de no manchar el piso con sangre, porque alguna
criada suspirará por tener que limpiar el desorden. Mejor sigue caminando, no
es tan malo.
Ahora
lo recordé, ¿Te conté que aumentaron la factura del celular? Pero no te va a
alcanzar el crédito, por si tenías la duda aún. Internet no es tan barato como
parece en los comerciales. Y para emparejar, también aumentó el gimnasio. Así
es, llegar al verano en forma te va a costar $300 por mes, lo cual para alguien
como tu jefe no sería mucha plata, pero...vos no sos jefe de nadie, solo de vos
mismo y aún así, a veces ni vos mismo te hacés caso.
Disculpá, no era mi intención recordarte lo miserable que puede ser nuestra
vida, es solo que tenía ganas
de no ser el único pesimista en este ascensor que va directo al fracaso y a la
frustración. Pero hasta la que atiende en el kiosco me ignoró, así que
mientras espero humillado en un costado que me vea allí parado, imagino una
lluvia de balas destrozando sus góndolas, su mostrador. Imagino la forma más
fácil de ir a Alaska, y me veo en alguna estúpida fantasía corriendo por algún
verde prado, sin horarios, sin rutina, solo con deseos por cumplir. Pero bueno,
ya van a ser las seis de la tarde nuevamente, y ya no hay tiempo para ver
libros en la calle, ni para tomar una cerveza con un amigo. Ya no hay tiempo
para escribir un libro, ni para ir al cine. Porque el colectivo viene otra vez
lleno, y la señora a la que le cediste el asiento continúa pegándote con el
bolso, y mientras me quedo sin tiempo para encontrar el amor, me va viniendo el
sueño a acompañarme. Bueno, a comer y contestar de mala gana para dormirte
temprano, no te olvides de preguntarte mientras mirás la luna sobre el sentido
verdadero de la vida y la superficialidad de esta sociedad. Ahora dormí, y no
molestes a nadie con tus quejas, porque mañana a las seis y media tenés que
estar arriba y esperando el colectivo, e
intentá no llegar tarde esta vez.
Pasaje de vuelta
¿Es este el mismo tren
al que me subí hace ya tanto tiempo? Todo parece indicar que sí. Son los mismos
asientos, el mismo olor a lluvia que atraviesa la ventana mientras anochece,
los mismos vagones, iguales entre ellos, pero hay una diferencia. No son los
mismos pasajeros, el tren sigue avanzando pero los vagones se vacían, comienzo
a pensar que seré el último en bajarme. Pero bueno, eso no importa por ahora,
tengo que intentar concentrarme y recordar hacia donde estoy viajando. Recuerdo
un sentimiento de miedo, eso fue lo que me impulsó a subir al tren. Recuerdo
estar a punto de llorar, y mirar a todos lados buscando algo, pero no sé qué
¿Me habré subido buscando una simple compañía? Sí, eso debe ser, me sentí tan
solo que hasta la presencia de extraños en un tren me hacía sentir mejor.
Bueno ya tengo el porqué de mi viaje, pero aún me falta saber hacia donde voy.
Y ese es mi verdadero temor. Podría terminar en cualquier lado, incluso podría
estar peor que antes de subirme a este maldito tren. Sigue anocheciendo, cada
vez hay menos personas, unos pocos solitarios como yo me hacen compañía en esta
fría noche. Sus ojos están rojos, como si hubiesen llorado durante horas, sus
labios tiemblan, como si quisieran volver a hacerlo, me pregunto: ¿Me veré yo
también de esa manera? Por algún motivo me volvió el miedo que sentía antes de
subir al tren, y de a poco comienzo a recordar todo. Sí, ahora lo recuerdo
bien. No quería subir al tren, quería arrojarme delante de él, que mi vida se
extinga al sonido de los gritos de miles de extraños. Pero me detuve a último
momento, acobardado y subí, esperanzado de que este viaje de alguna manera me
devuelva las ganas de vivir. Pero no es así, mis ganas de vivir se extinguieron
hace tiempo. Bueno, ni modo, tendré que pasar la noche en algún bar y a la
mañana esperar otro tren, a ver si de una vez por todas tengo el valor de
acabar con mi vida.
El pacto del escritor.
El
escritor había perdido su inspiración. Las historias que en su mente fluían
habían desaparecido. Sabía el porqué. Su alma no soportaba más, se aferraba a
este mundo con todas sus fuerzas pero la verdad molestaba en cada átomo, en
cada molécula de su ser:no
deseaba vivir más.
Día
a día durante años fingió ante sus pares una sonrisa que nunca demostraba lo
que realmente sentía. Cada noche, cuando debía de estar escribiendo, se quedaba
por horas mirando el cielo, esperando que quizás alguien se apiade de su
sufrimiento. Pasaba horas preguntándose si algún día sería capaz de sentir la
felicidad que todos decían sentir. Lo intentó lo más que pudo, pero allí, en la
soledad de esa terraza, no parecía haber una salida que no traiga sufrimiento.
Así
que el escritor llegó a una decisión, no había motivo para seguir mintiéndose a
sí mismo, si su alma rogaba escapar del banal mundo terrenal para irse vaya a
saber uno donde, el no era quien para prohibírselo. Tomó un frasco de pastillas
que había estado guardando para esta ocasión en especial, cargó la pistola que
siempre había tenido en caso de emergencia y se la llevó a la boca. Entre
lágrimas y un enorme sentimiento de tristeza y odio, odio hacia él y hacia el
mundo que tantas veces lo había ignorado, intentó apretar el gatillo, pero se
detuvo. Un hombre vestido de traje se paraba frente a él, sonriendo. Vestía
elegantemente, un traje negro con una corbata roja hacía notar que ese hombre poseía
una rara cualidad para la moda. El escritor se incomodó, no por el hecho de que
ese hombre haya aparecido en su terraza como por arte de magia, sino por su
sonrisa. El misterioso hombre solo estaba allí parado, sonriendo, a la vez que
encendía un cigarrillo y se acercaba al escritor con paso firme pero lento.
-
No tienes que seguir sufriendo, ¿Sabés?- Dijo el hombre de traje
- No
intentes detenerme, no encuentro ningún motivo para seguir viviendo-
Respondió el escritor
-
No intento detenerte, simplemente te ofrezco una mejor solución que el olor a
polvora y tus sesos decorando las paredes.
-
Te escuchó, pero más te vale que no sea ninguna broma, como verás, estoy en un
momento bastante importante.
-
Yo no bromeo, vengo a hacer negocios. Te propongo lo siguiente: no serás feliz,
pero te daré el poder necesario para hacer sufrir al mundo que tantas veces se
ha olvidado de tí. Podrás vengarte de todos, tus enemigos, las personas que no
supieron valorarte, aquellos que te demostraron falso afecto, esas personas a
las que siempre apoyaste pero que no se tomaron ni un miserable
segundo de sus patéticas vidas para intentar ayudarte.
-
¿Cómo sé que no me vas a engañar? He visto y leído cientas de historias donde
al final siempre terminas estafando a aquellos que se atreven a pactar con vos.
-
Mi querido amigo, no pienso estafarte, pienso quedarme con tu alma por el resto
de la eternidad pero antes, te daré la oportunidad que tu torturada alma
siempre deseó,
El escritor tiró el arma, se incorporó y mirando a los ojos del misterioso
hombre de traje, cerró el pacto. Un apretón de manos que finalizaba en un agudo
pinchazo. El escritor vió como un hilo de sangre corría por la palma de su
mano. El hombre de traje mojo una delicada pluma que traía en la sangre del
escritor y acto seguido, firmó un papel que no le permitió ver a el atormentado
escritor.
Un largo e interminable silencio pareció parar el tiempo. Entonces, el hombre
de traje solo sonrió y dijo:
-
Así comienza el mejor día de tu vida, ojalá no me defraudes. Tienes todo el
poder necesario para hacer sufrir y llenar este mundo de dolor, la decisión es
tuya, escritor.
¿Qué hubiese pasado?
El
cielo se nublaba cada vez más, él, estudiante de psicología, aguardaba paciente
el colectivo. Por alguna razón los días así le traían calma, y ni hablar de la
lluvia. Para él, la lluvia era la cosa más fantástica del mundo. Nunca había
entendido porqué, solo sabía que allí, escuchando
música bajo la parada del colectivo esperando a que lloviera en aquel helado
invierno, estaba en paz. Decidió encender un cigarrillo para
disfrutar aún más aquel pacífico momento, en ese instante, una joven de hermosa
voz se acercó a el:
-
Disculpá, ¿Tenés fuego?- Preguntó con una suave y delicada voz
El,
que siempre había sido bueno para hablar, para comunicarse, quedó casi mudo.
Logró alcanzarle su encendedor y de pronto se recuperó de la sorpresa inicial. Ella
era hermosa, piel blanca como la luna, cabellos castaños claros y suaves caían
delicadamente por debajo de sus hombros. Sus ojos, de un color avellana parecían
helar su interior, no se había sentido así desde hace años. Ya
no recordaba la última vez que se había sentido así por una mujer, solo sabía
que por alguna misteriosa razón, esta chica lo había conquistado con unas
simples palabras. Se sintió vulnerable, el temple mental que creía tener había
desaparecido. Decidió que sin importar qué, iba a estar con esta chica.
-
¿Cómo te llamás?- Le preguntó titubeante a la chica.
-
Perdoná pero no suelo darle mi nombre a extraños, no es nada personal.-
Respondió ella a la vez que con una delicada sonrisa miraba a los ojos del
ahora intranquilo estudiante de psicología.
Comenzó
a desesperarse, ella no parecía tener ningún interés de sociabilizar con él.
Los miles de problemas que había estado ignorando volvieron a él de pronto,
todos juntos. Su baja autoestima, su timidez, su pesímismo, todo parecía
complotarse para evitar que él pudiera hablar con la hermosa joven que parecía
tener algún tipo de apuro.
Pero estaba harto de sentirse solo en el mundo, de no tener a nadie con quien
compartir su vida y sobre todo, de no poder demostrarle a alguien más que
dentro, muy dentro, no era una mala persona, simplemente deseaba sentirse
acompañado una vez más.
Así que decidió intentar retomar la conversación, pero la chica se incorporó
para irse. En ese preciso momento, la lluvia se desató furiosamente, obligando
a la chica a esperar bajo la parada a que la lluvia parara.
-
Es mi oportunidad- Pensó- Bueno y ¿De dónde sos?
-
Soy de por acá, de Lanús, pero la verdad es que estoy muy cansada y deseo
llegar a mi casa ya.-
-
¿Trabajás?- Preguntó, con un disimulado optimismo debido a que la chica al
menos había respondido de manera que pudiesen continuar la charla.-
-
No, por ahora no. Estudio paisajismo, pero hoy pasé todo el día viajando así
que no doy más ¿Y vos?-
-
Yo estudio psicología, recién estoy en el primer año pero es una carrera que
siempre me llamo la atención-
-
¡Que bueno! Cuando te recibás podrías atenderme a mi, seguramente necesito un
psicologo urgentemente.- Respondió ella a la vez que reía a carcajadas.-
Nuevamente
quedó helado, su risa, hermosa de igual manera que su rostro o sus sonrisa, lo
había cautivado aún más.
De
pronto, salió de su trance. Allí se encontraba él, en la
parada, esperando el colectivo, escuchando música y fumando. Todo igual, sí,
pero con una diferencia, no había ninguna chica allí. La joven
de la que perdidamente se había enamorado estaba ya cruzando la avenida. Otra
vez lo había hecho, otra vez había desaprovechado la oportunidad, le había
ofrecido fuego a la chica pero mientras el luchaba contra los demonios que no
lo dejaban hablar, la joven se había marchado. Tuvo ganas de llorar, pero no lo
hizo, después de todo, así era su vida. Así era el, un cobarde, que pasaba sus
días culpándose por la soledad que lo torturaba, pero jamás tuvo el valor
necesario para cambiar la situación.
De
esta manera, el estudiante de psicología, irónicamente, no podía resolver sus
propios problemas. La lluvia llegó para camuflar sus lágrimas, mientras que
veía al colectivo doblar la esquina. Secó sus lágrimas, respiró hondo y
aceptó, una vez más, que seguía solo. Una vez más se estaba preguntando: ¿Qué
hubiese pasado?
El cielo...
No
soportó mirar atrás, no toleraba ver el llanto de amigos, de familia ni de
nadie, solo sabía que iba a hacer lo necesario para terminar con esta agonía. Lo tildarían de cobarde, llorarían
por él, lo odiarían por tomar la decisión que tomó pero sabía que solo duraría
un tiempo, que luego se olvidarían de él. Eso lo tranquilizaba un poco, saber
que por primera vez en su vida tenía el control sobre sí mismo. No cometería el
mismo error dos veces, esta vez no habría despedida, no crearía la posibilidad
de que alguien interviniera en los acontecimientos que iban a suceder. Lo hizo, cometió
el pecado máximo, atentó contra lo único que no le habían
podido quitar. Atrás dejó las noches de llanto, el dolor de seguir esperando
que alguien lo oyera, la inmensa pena de comprobar que se encontraba solo en
este mundo.
Cuando abrió los ojos se encontró rodeado de un inmenso vacío, de un silencio
inquebrantable, al parecer, nada era como lo habían descrito. Ni llamaradas
quemando a las almas en pena, ni un cielo para que aquellos que se ganaron el
paraíso disfrutasen de la eterna dicha, solo el silencio. Sintió que lo
observaban, que alguien clavaba intensamente su mirada en él. Volteó para todos
lados buscando el origen de esta sensación pero no encontró nada. Decidió
simplemente recostarse y pensar, pero esto no duró mucho. A su lado apareció
una mujer, un vestido blanco de suaves telas cubría su delgada silueta, poseía
cabellos y ojos negros como la más cerrada de las noches y una sonrisa que
inspiraba paz. Acarició con amor la mejilla del joven, esto provocó que sin
darse cuenta, el comenzara a llorar. No sabía porque ni podía hacer
nada para impedirlo, solo lloraba. La joven se recostó al lado del joven
y lo abrazó. Él no lo podía creer, por primera vez en muchísimo tiempo sintió
que alguien lo comprendía. De miles de maneras había intentado,
infructuosamente, explicarle su malestar a la gente. Siempre obtenía las mismas
respuestas, nada lo contentaba. Sin embargo, esta mujer, una perfecta
desconocida, había logrado llenar su alma de felicidad y a pesar de que él ya había olvidado
como se sentía ser feliz, entendió que esta era la eternidad que había estado
buscando. Entendió que mientras esa mujer estuviera allí para secar su llanto,
para abrazarlo y recordarle que no estaba solo, todo estaría perfectamente
bien.
De pronto, todo comenzó a temblar, sintió que su pecho se agitaba bruscamente,
comenzó a elevarse como por arte de magia. Vió como la mujer se incorporaba
para saludarlo delicadamente con la mano, mientras una lágrima caía de su
delicado rostro. El joven comenzó a gritar de odio,
intentó safarse de aquella misteriosa fuerza que lo separaba de la única
persona que había podido llenar su ser de paz y calma. Luchó
todo lo que pudo, pero fue inútil.
Cuando pudo despertar, notó que no se encontraba más en aquel lugar rodeado de
un silencio absoluto, la mujer ya no estaba allí y lo que vió, lo lleno de odio
y horror. Se encontró en lo que parecía ser una camilla, rodeado de médicos que
festejaban porque habían logrado revivirlo. Un respirador le dificultaba
hablar. Se dió cuenta de que otra vez, había fallado, de que alguna cruel
voluntad había decidido que el siguiera viviendo. Con odio e impotencia lanzó
un grito que resonó en todo el hospital, los médicos perplejos lo observaban
como intentando entender el porqué de la furia del atormentado joven.
Así es, una vez más, lo habían detenido. Una vez más habían evitado que el
acabara con su sufrimiento, sin malas intenciones obviamente, pero le habían
quitado el único momento de felicidad que había experimentado luego de tanto
tiempo.
Las decisiones que tomamos pueden no ser las mejores, pero las tomamos porque
intentamos llenar nuestra alma de lo que todos llaman felicidad. Aunque quizás
nadie lo entienda, para algunas personas, el cielo no es aquel paraíso en el
cual vivir en paz toda la eternidad. Para algunos, el cielo se encuentra en
aquella persona que sepa susurrarnos al oído que no estamos solos.
No me supe responder
Tuve
la mala suerte de encontrarme en un bar de mis sueños. Me intenté evitar pero
no pude fingirme. Acompañado de un café comencé a charlar, después de todo, si
el resto del mundo me ignora, al menos yo me escucharé.
Me
pregunté a mi mismo porqué nunca puedo dejar ir las cosas, no me supe
responder.
Me
pregunté porqué sufro por cosas que la mayoría ignora, miré hacia afuera y no
me supe responder.
Con
un poco más de impaciencia en la voz me pregunté porqué mis malditos principios
morales me frenan constantemente y me impiden crecer como persona, con ojos
llorosos sacudí la cabeza en señal de negación, tampoco tenía una respuesta
para eso.
Ya
casi iracundo me pregunté a mi mismo porque no me permitía ser feliz, respiré
hondo y me pedí perdón por no tener una respuesta a eso tampoco.
Decidí
levantarme e irme, después de todo, prefiero estar solo que acompañado de mi
mismo. Comencé a caminar, una tenue lluvia salpicaba mi cara, la noche
comenzaba a caer mientras la música una vez más mitigaba un poco las preguntas
que no me supe responder.
Sentí
que jamás hallaría una respuesta a todas mis interrogantes, decidí a
acostumbrarme a que siempre me falten cinco para el peso. Pero entonces lo
recordé, me había dado todas las respuestas sin saberlo. Lo entendí, no tengo
control sobre las mayores interrogantes de mi alma, jamás las tendré, porque
solo se vivir con la intriga. Jamás supe que hacer con una respuesta, quizás
sea porque soy de esas personas que necesitan saber que hay algo más allá
afuera, que la vida no puede ser tan simple. Lo único que lamento es jamás
poder compartir este sentimiento en el cual intento encontrar la última pieza
del rompecabezas de mi ser, nadie jamás podrá terminar de comprender que si
bien el no saber me destruye, más me destruiría tener las respuesta porqué,
sinceramente, sé que las respuestas no me van a gustar.
Quizás,
solo quizás, hubiese sido mejor no haberme cruzado, puedo fingir que disfruto
la compañía de muchas personas, pero jamás voy a poder fingirme a mi mismo, ni
ahora, ni nunca, estoy ligado a serme sincero y decirme cada vez que me
encuentre: esto es todo lo que hay para vos.
Bienvenido...
Este
es el castigo final, al
menos eso parece. No creo haber terminado aquí por mera casualidad. Todo esto
parece tan familiar, sin embargo, estoy seguro de que jamás había estado aquí.
Este tétrico lugar parece haber surgido de mis peores pesadillas, de los
pensamientos más mórbidos que juré ocultar en lo profundo de mi ser.
Tengo miedo, sé que cosas
horribles me esperan allí afuera, que estoy destinado a vagar en este
infierno el resto de lo que seguro será una angustiada y corta vida. Pero ¿Por
qué? ¿Qué es lo que hice para merecer semejante tortura? Créanme que cada
imagen que mi ojos analizan esta plagada de sangre, cuerpos muertos, seres que
sobrepasan la más podrida de las imaginaciones. Créanme, que si tal lugar como
el infierno existe, este lugar lo ridiculiza. No hay salida ¿Sabes por qué?
Porque no se puede escapar de
los demonios interiores. Me llevó tiempo comprenderlo pero este lugar, este
pueblo maldito no me dejará ir. No a menos que termine lo que vine a hacer. No
abandonaré esta pesadilla hasta haber solucionado todos mis asuntos pendientes.
Pero ahora, antes de que me juzguen, les haré una pregunta: ¿Tienes idea de lo que se siente
atravesar TODOS y CADA UNO de los traumas, de los miedos, de los sufrimientos
que juraste nunca sacar a la luz, uno tras otro? ¿Sabes acaso, como sería si
estos traumas cobraran la forma de criaturas tan horrorosas que hasta los más
experimentados escritores de horror tendrían problemas para imaginar? y ¿Te
imaginas, además, de lo que se sentiría hacer todo esto, COMPLETAMENTE SOLO?
Esta ciudad es una entidad, es algo con vida, cambiante, pero lo peor de todo,
es una entidad MACABRA.
Quiero volverme loco, quiere que pierda la cordura, y sinceramente,LO ESTÁ
LOGRANDO. Todas las paredes están ensangrentadas o cubiertas de cuerpos
humanos y animales. Voces de niños llorando desesperadamente, gente gritando
por ayuda, almas en pena que, COMO
YO, alguna vez fueron prisioneros de esta ciudad.
Bueno, debo seguir esta terrible travesía, debo seguir adentrándome en las
calles de este lugar que son a su vez, los rincones más oscuros de mi
perturbada mente. Si alguna vez lees esto, hay dos posibilidades: o sobreviví y
abandoné este pútrido lugar hecho una mejor persona, con mi mente en paz o...no
lo hice. Si ese es el caso, no me queda más que convertirme en otro de los
temores que atacaran tu mente. Si eso sucede, por favor no lo tomes a mal, la ciudad necesita alimentarse de
tu dolor.
Ah! Ya me estaba olvidando, pero mira que descortés que puedo ser...BIENVENIDO
A SILENT HILL.
El portador de lágrimas pt. 2
Brice
se arrepentía mucho de haber profundizado en la investigación sobre sus
pesadillas. Esa última frase había helado por completo su ser. En su mente no
paraba de repetirse "pareciese que les hubiesen extraído el alma del
cuerpo." ¿Cómo era eso
posible? ¿Acaso alguien podía asesinar personas simplemente extrayéndoles el
alma? ¿Quién poseía tal nivel de sadismo como para destrozar los cadáveres de
sus víctimas con tanto odio aún después de muertas?
Estas
preguntas lo atormentaron durante todo el día. Podía sentir que había algún
tipo de conexión entre sus pesadillas y aquellos horribles asesinatos, pero por más vueltas que le dió al
asunto no pudo sacar ninguna conclusión. Anochecía y el terror se apoderaba del
joven. No quería dormir, el simple hecho de pensar en ser testigo de otro de
aquellos mórbidos asesinatos lo impulsó a recurrir a todo cuanto encontró para
no caer dormido. Bebió más café que en toda su vida, intentó entretenerse
mirando televisión, jugando videojuegos, leyendo, pero a pesar de todos sus
esfuerzos, al haber tenido un duro día de trabajo, cayó dormido.
Se encontró en lo que le pareció un claro de un bosque. La vista a decir verdad
era tranquilizadora, sentía como la brisa le rozaba las mejillas y ver los
árboles movidos suavemente por el viento lo calmaba. Pero de pronto algo lo
perturbó. Del otro lado del
claro del bosque, una sombra permanecía inmóvil, estática, oculta entre los
árboles. Brice no podía
terminar de apreciar de quien se trataba o qué era, pero sabía que lo
observaba. La figura permanecía absolutamente quieta, cosa que despertó un
pánico inmenso en él. Con la voz quebrada por el miedo el joven gritó:
-¿Quién
eres? ¿Qué es lo que quieres?
La
sombra comenzó a caminar lentamente hacia él, con paso firme. Si bien la
distancia que los separaba no era poca, Brice sabía que era inútil intentar
escapar, algo le decía que estaba a merced de aquella figura que ya se
encontraba a pocos pasos de el.
-
No temas humano- dijo con voz masculina y profunda la figura.- Me he
manifestado en tus sueños para advertirte.
-¿Advertirme
sobre qué?- Preguntó un poco más pasivo, la voz grave y penetrante de aquél ser
había logrado de alguna forma calmarlo un poco.
-
Sobre los horrores que se avecinan para este, tu mundo. En estos instantes,
mientras nosotros tenemos esta conversación, EL avanza. Intenta cumplir el requisito
necesario para poder dominarlo todo. No se detendrá ante nada y eliminará a
todo aquel que se interponga entre el y su objetivo.
-
¿Q-quién? ¿De qué me estás hablando? No alcanzo a comprender.- Dijo Brice
atónito por lo que aquella figura acababa de decirle.
- Aquel que se disfraza de humano. Se
mezcla entre los de tu especie, simulando ser uno más, pero no lo es. Su alma
está podrida, repleta de odio, de maldad. Posee un alma digna del rey de los
demonios y por eso mismo, ha sido elegido para traer el fin a este mundo de la
manera más cruel y violenta posible. Pero
me estoy adelantando, comenzaré de nuevo.
-
Por favor, sinceramente no entiendo nada de lo que me dices aún.
-
Verás "Brice", ¿Ese es tu nombre no es cierto humano?
-
S-si... me llamo así.- Titubeó.
-
De acuerdo, te llamaré así de ahora en adelante. Brice, el mundo de los humanos
no es más que una pequeñísima parte de los universos y realidades que existen.
Ustedes son frágiles, su vida no es más que un simple suspiro para seres como
nosotros que vivimos desde el origen del universo. Hoy en día nos conocen con
nombres que no llegan a abarcar en lo absoluto nuestras capacidades o nuestro
poder. ¿Has notado que utilicé la palabra demonio antes? Lo he hecho solo para
expresarme en términos que tú y tu simple mente humana puedan entender. Pero en
algo han acertado al describirnos: estamos
en guerra desde tiempos ancestrales. Nos hemos visto divididos en dos
bandos, luchando hasta el fin de los tiempos. Esta guerra ha causado desastres
en su mundo, desde antes de que ustedes los humanos tuvieran conciencia de su
existencia. Estos dos bandos están conformados por aquellos que apoyan el pensamiento
de todas las dimensiones deben convivir "pacíficamente" por así
decirlo, sin perturbarse unas a otras, y aquellos que pretenden alzarse por
sobre todas las realidades y dimensiones y así imponer su propio orden. Este
último bando podría ser considerado el de los que ustedes llaman
"demonios". Seres carentes de cualquier compasión, impulsados por el
odio, por la violencia, por el caos total, por la visión de este y todos los
mundos desolados y a su merced. Pretenden desencadenar el caos en este y todos
los universos, acabar con cualquiera que se les oponga y gobernar según su
propio credo.
-
¿A qué bando perteneces tú?- Preguntó Brice, atemorizado por todo lo que estaba
oyendo por parte de aquel ser.
-
Yo pertenezco al otro bando. Creo que nuestras realidades deben coexistir sin
problemas, acepto mi posición en el orden universal y no pretendo más que eso.
Sin embargo aquí me ves, a pesar de que no apoyo el cruce entre universos, debí
traicionar mis principios para poder advertirte. Tan grande es la dimensión de
esta amenaza que me he visto obligado a manifestarme en este mundo. Yo, un ser
inmortal, dentro del sueño de un mero humano, que irónico.
-
Hay algo que no alcanzo a comprender. ¿Qué papel juego yo en esto? No entiendo
como siendo tan poderosos deben recurrir a mi, no soy más que un hombre y no sé
más sobre este asunto que lo que tú me acabas de contar.
-
Tranquilo, hay una explicación para esto. El
mundo de los humanos, a pesar de ser tan frágil e insignificante a ojos de
seres como nosotros, contiene el portal hacia todos los demás universos. En
alguna parte de este planeta se encuentra un lugar que permitirá a los demonios
a manifestarse en todas las dimensiones. Actualmente no pueden hacerlo, les
guste a ellos o no, hay fuerzas aún más grandes y antiguas que nosotros que
establecieron que los universos no interactuen entre sí. Se colocaron barreras
entre ellos para que no entraran en contacto y se produzca el caos. Pero por
razones que aún no logro comprender, estas barreras están ahora debilitadas, lo
que le ha permitido a algunos demonios proyectarse en tu mundo. Del mismo modo
esto me ha permitido a mi manifestarme en tus sueños. Al encontrarse el portal
en el mundo humano, nosotros no podemos intervenir con libertad, así como los
demonios tampoco pueden. Por esta misma razón han
elegido al ser humano más maligno, más corrompido, más repleto de odio, más
parecido a ellos para que encuentre y abra el portal por ellos. Le entregaran
poderes que no puedes ni imaginar para llevar a cabo esta labor, pero para
hacer esto hay una serie de requisitos que este individuo debe seguir.
-
¿Qué requisitos?- Pregunto el jóven.
En
ese momento el claro que hasta entonces había permanecido relativamente calmado
comenzó a agitarse violentamente. Nubes tormentosas se alzaban en el cielo, los
árboles comenzaron a sacudirse violentamente.
-
Se me acaba el tiempo, trataré de ser lo más breve posible Brice, ya habrá más
tiempo para explicaciones. El elegido por los demonios debe superar un antiguo
ritual para descender a los infiernos y obtener el poder del mismísimo rey de
los demonios. Este ritual
consiste en asesinar 30 humanos que en otros tiempos defendieron el orden
universal durante la guerra de Ophey. Una de estas 30 personas guarda un
amuleto que le permitirá acceder a el y solo a el al inframundo y desafiar al
rey. Tu objetivo es impedir
que lo logre, no dejes que complete sus 30 asesinatos, no quiero ni imaginarme
lo que podría hacer si tuviera bajo su poder a miles de legiones de demonios.
-
¿¡Y cómo esperas que lo detenga?! ¡No tengo ni puta idea de lo que está
sucediendo!- Gritó enfurecido Brice, su mente apenas podía aceptar lo que este
ser le estaba diciendo y ahora se esperaba que el detuviera a alguien de quien
no tenía ninguna información, sin saber como, eso lo desesperaba.
-
Lo siento, a pesar de tu enojo se me ha acabado el tiempo, busca a Erothos, es un fiel servidor
nuestro desde hace mucho tiempo, el terminará de informarte. Ya volveremos a
vernos Brice, en estos momentos dependemos casi exclusivamente de ti. Sé que es
un gran peso para un simple humano, pero algo me dice...que tú no eres tan
ordinario como crees.
-
¡Espera maldición! ¡Tengo demasiadas preguntas aún!
En vano fueron los gritos del pobre Brice, la sombra se desvaneció en el aire a
la vez que una violenta tormenta se desataba en aquel bosque producto de la
mente del joven.
El portador de lágrimas pt.1
Otra
vez despertaba sudado, agitado, con un grito sofocado en su garganta. Ya estaba
cansado. Cada vez más seguido le ocurría esto. Tenía horrendas pesadillas que le
perturbaban el sueño. La medicación que le habían recetado cada vez le
hacía menos efecto. Estaba exhausto, como cualquiera lo estaría al tener tan
poco descanso como él. Pero esto, fuera de ser un simple trastorno del sueño,
parecía ocultar algún tipo de mensaje. En sus pesadillas, aparecía en el cuerpo
de otra persona, un joven, como él, de unos veinte y tantos años. Vestía con un
traje de impecable negro y caminaba con una elegancia digna de cualquier
aristócrata europeo. Ese no era él mismo, lo sabía. Estaba atrapado en el
cuerpo de alguien más en aquellas pesadillas, pero esto era solo la menor de
sus preocupaciones. En estas pesadillas, él, o aquel joven, caminaba a través
de edificios abandonados, de lugares en los que se respiraba tristeza y
soledad, sin detenerse. Parecía estar buscando algo. A veces, se cruzaba con
indigentes que habitaban estos edificios aparentemente vacíos y es aquí donde
sus pesadillas comienzan a tornarse perturbadoras.
Este joven, en el cual habitaba durante sus sueños, no tenía ningún reparo en
asesinar a sangre fría a cualquier persona que se cruzara en su todavía
indefinida búsqueda. Irritado, seguramente por no hallar lo que esperaba,
asesinaba a golpes a quien no le diera las respuestas que necesitaba.
Asesinaba, sin compasión, sin dudarlo, como si de un experto asesino se
tratara. Con un sadismo increíble, casi parecía que lo necesitaba, como si la
muerte de estas personas saciara un poco aquella ansiedad que no podía calmar
con nada, excepto encontrando lo que sea que estuviese buscando.
Esto no hacía más que inquietarlo aún más: ¿Por qué soñaba aquellas terribles
cosas? ¿Qué significado tenían estas pesadillas? ¿Quién era aquella persona de
la cual el tomaba posesión en sus sueños? y sobre todo ¿Qué es lo que buscaba con tanta
desesperación?
Estas interrogantes rondaban en su cabeza todo el día, su rendimiento en el
trabajo se veía afectado por la falta de sueño, más todo su entorno social
parecía notar que algo no andaba bien. La fatiga ya se había esparcido en todos
los aspectos de su vida. Cansado, intentó encontrar respuestas. Buscó en
Internet informes policiales que le confirmaran o negaran la realidad de los
asesinatos que presenciaba en sueños. Tenía la esperanza de que no fueran nada
más que eso, sueños, horribles y mórbidos, pero sueños al fin. Sin embargo, algo dentro suyo le decía que no
tendría esa suerte, que algo más se ocultaba detrás de estos terribles
presagios, y así fue.
Encontró varios informes que daban cuenta de un gran número de victimas, unas 8
hasta ahora, todos vagabundos e indigentes, gente a la que nadie lloraría.
Todas las victimas habitaban en antiguos edificios abandonados y habían sido
asesinadas presuntamente durante la noche. Esto inquietó al protagonista de
nuestra historia, de manera tal que por su cabeza cruzó la idea de dejar toda
esta búsqueda e intentar conseguir algún tipo de medicación extremadamente
fuerte o algo por el estilo. Sin embargo, vio una última coincidencia en todas
estas victimas, una que le heló el alma. Si bien todas las escenas del crimen
se encontraban repletas de sangre de las victimas y el cuerpo de las mismas se
encontraba siempre destrozado e incluso a veces desmembrado, estas atrocidades
se habían cometido post-mortem o sea, después de que la víctima muriera. Un
artículo de un diario local citaba: "Las
victimas se encontraban ya muertas cuando se realizaron estos atroces actos a
sus cadáveres. La policía forense no ha podido determinar la causa de muerte de
dichas victimas, pareciese que les hubiesen extraído el alma del cuerpo."
Macábro viaje por una mente perturbada pt.2
Argo era el nombre que vagamente recordaba
como suyo. Ese era su nombre humano, curioso, pero suyo. O eso creía al menos.
De todos modos eso ya no importaba. Hacía
tiempo se había desprendido de casi todo lo que significaba ser un humano,
detestaba esa condición. Ahora se embarcaba junto a aquel tenebroso guía a
las profundidades de lo que parecía ser un hospital abandonado. Su sangre, por
alguna razón, hervía de violencia y morbo. Nunca se había considerado uno más
del montón, siempre creyó que algo lo diferenciaba de aquella asquerosa raza
que durante lo que pareció ser toda su vida, detestó.
Quizás para comprender un poco mejor a este peculiar ejemplar deba explayarme
un poco sobre su condición mental. Estamos tratando con lo que por fuera no
sería más que un simple joven de unos veinte y tantos años, cabello oscuro,
delgado, rasgos comunes, salvo por una pequeña marca, una cicatriz que se ubicaba debajo
de su ojo izquierdo. Nunca ha contado el porqué de esta marca que, con
forma de medialuna contorneaba su ojo.
Hasta aquí su descripción física, ya que lo que realmente merece destacarse se
oculta bajo la piel blanca de este "joven" de aspecto casi ordinario.
De niño fue víctima de multitud de abusos. Su padre, un alcohólico no violento
solía pasar la mayor parte del tiempo trabajando para mantenerlos tanto a el
como a su hermana y a su madre, y su tiempo libre lo ocupaba en bares, bebiendo
hasta entrada la mañana escapando vaya a saber uno de qué fantasmas. Su madre, infeliz con un esposo
ausente la mayor parte del tiempo, solía desquitarse con Argo y su hermana,
Etelia. Golpeaba a ambos con cinturones, escobas, zapatillas, cualquier
cosa que tuviera a su alcance, procurando no dejar marcas visibles para no
tener problemas con las autoridades. Argo solía llevarse la mayor parte de los
castigos, ya que se interponía ferozmente entre su madre y Etelia siempre que
ella se proponía tocar a su hermana. Varias veces intentó hacerle ver a su
padre la magnitud de los castigos a los que tanto el como su hermana menor eran
expuestos mientras el se embriagaba en aquellos antros de mala muerte. Su
padre, asqueado de vivir, lo miraba con desdén mientras prometía solucionar el
problema. Discutió algunas veces con la madre de Argo pero esto solo empeoraba
las cosas, dado que cuando el padre iba a trabajar la madre repleta de ira
atacaba a los niños por haberla acusado.
Vaya vida para estos hermanos, ninguna familia es perfecta dicen, y Argo lo
tenía bien grabado en la piel. Pero un día, ocurrió el hecho que convirtió a
este niño en el alma sedienta de odio y dolor que es ahora. Etelia murió a causa de una de las
golpizas de su madre, mientras Argo estaba en el colegio. Al regresar, el
infante encontró a su madre intentando ocultar el cuerpo de su hermana en una
bolsa de basura. Sin pensarlo,
el niño, preso de una furia asesina se abalanzó hacia el cuello de su madre, la
apretó con una fuerza inhumana, al punto tal de que la madre cayó tendida
al suelo dando manotazos para quitarse aquella diminuta pero imparable bestia
de encima. Cuando estaba por terminar su labor, apareció la policía, alertada
por los vecinos sobre los gritos de la niña un rato antes. Se necesitaron 2
oficiales robustos para separar a Argo de su madre, que a pesar de los
esfuerzos de este para acabar con su vida, sobrevivió.
Lo que siguió no era sorpresa para nadie, su padre al caer en la cuenta de lo
sucedido cayó en una depresión profunda y se suicidó de un disparo a la cabeza
días después de lo ocurrido. Completamente abandonado, Argo se vió obligado a
pasar su infancia y adolescencia en instituciones mentales, centros
comunitarios y albergues transitorios. Nada parecía afectarle, pasaba la mayor
parte del tiempo con su mirada perdida, evitando el contacto con los demás,
hablando solo cuando era estríctamente necesario, estaba muerto en vida. Su
humanidad ya era casi inexistente, a menudo tenía conflictos con los demás
niños. En una ocasión, para vengarse de un matón que solía acosarlo y burlarse
de la muerte de su hermana, se escabulló en la cocina del albergue, esperó a la
hora de la comida y cuando se encendieron las ollas y sartenes bañó en aceite
hirviendo al desgraciado, produciendole quemaduras en todo el cuerpo y dejándolo al borde de la muerte.
Era un caso perdido, destinado seguramente a una vida de delitos, hasta que un
día, como por arte de magia, un misterioso ser apareció ante él una lluviosa
noche de verano.
-Es hermosa ¿No es así? La lluvia- dijo con voz templada el ser.
Argo se limitó a sobresaltarse un poco, observó a la criatura, rodeada de un
aura oscura, y continuó observando la lluvia.
-No me ignores niño, pues estoy aquí para hacerte saber que lo que tanto buscas
es posible.-
-¿Cómo sabés lo que busco? Dudo que sepas siquiera mi nombre, lárgate bestia,
no hay nada para ti aquí.- Dijo el niño irritado porque habían perturbado su
concentración.
-Que estupideces dices, Argo. Eres el elegido, me han enviado estrictamente
en tu búsqueda, en busca de aquel que anhela sembrar el dolor y la
desesperación entre los hombres.
-Has captado mi interés, continúa.-
-Por ahora solo vengo a advertirte, eres muy joven aún. Pero cuando el momento
llegue deberás tomar una decisión. Hay mucho potencial en tu alma repleta de
desesperación, tanto es así que el mismísimo general del Sexto Regimiento de
las Bestias ha posado su ojo en ti. Si lo que realmente buscas es la
destrucción de la raza humana, nos veremos en unos años, cuando hayas madurado,
y te guiaré hasta lo más profundo del averno.
-Si tanto sabes sobre mi, ya deberás saber cual es mi respuesta.- Dijo Argo con
tono sarcástico.
-Que pedante eres niño, eso me agrada. Nos vemos en unos años.-
Acto seguido la bestia se esfumó tan pronto como había aparecido y dejó al
joven Argo fantaseando con un mundo sumido en gritos, fuego, dolor y
sufrimiento. Y con una sonrisa
dibujada en su inmutable rostro.
Macabro viaje por una mente perturbada pt. 1
Desde las alturas, en aquél desolado
balcón, observaba la calle. Aquella gran avenida por la cual a diario
transitaban miles de personas, sin siquiera notar su presencia. Allí pasaba las
noches, llenando su corazón de
odio, su mente de pensamientos aterradores, porque después de todo, solo
deseaba ver sufrir a aquellas personas. No
es que le hubiesen hecho nada particularmente malo, simplemente los odiaba.
Odiaba al ser humano, desde aquellas personas que le resultaban completamente
desconocidas, pasando por su familia y conocidos, para terminar con él mismo.
Desde que tiene memoria ha sido obligado a vivir en un mundo en el cual no
encuentra lugar. Fingiendo sonrisas, conteniendo impulsos asesinos, ese era su
día a día. Pero esa noche,
había algo distinto. Una
tensión capaz de crispar los cabellos de cualquiera se camuflaba en el aire.
Como si algo fuese a pasar, algo o alguien.
Una sombra comenzó a tomar forma detrás suyo, una forma similar a la de un
humano, pero a su vez, mucho más tétrica. Parecía ser que a el no lo sorprendía
esta figura que tan amenazante se posaba a sus espaldas, sino que, parecía
haberla estado esperando.
-Tardaste
más de lo que habíamos acordado.- Dijo él con un tono de disgusto.
-No
me culpes, tenía que atender algunos asuntos antes de comenzar con este pequeño
show.- Respondió la sombra, a
la vez que en su horrible rostro se dibujaba una ligera sonrisa con tintes
macabros.
A
continuación, la figura cortó la palma de su mano, con una de las afiladas uñas
(o garras) que anunciaban el final de sus extremidades, dejando caer al suelo
pequeñas gotas de sangre que formaban un pequeño charco. La sangre siguió
cayendo de su mano, a la vez que ambos, tanto aquel decidido espectador de la
humanidad como aquella silueta no se quitaban la mirada de encima, como si los
dos estuvieran esperando que el otro hiciera algún movimiento.
Una
vez el suelo se vio repleto de sangre, el oscuro intérprete prosiguió diciendo:
-
Tú, que te has hastiado del ser humano. Tú, el que se cansó de odiar a esta
patética especie sin poder hacer nada significativo en su contra. Tú, que no temes entregarte a la
maldad, serás recompensado. Se
te otorgará el poder de las tinieblas, un poder con el cual las personas
normales ni siquiera se atreverían a soñar. Serás el portador de una oscuridad
capaz de arrasar ciudades enteras y reducirlas a cenizas. Serás el señor de las
bestias, de los demonios que habitan los rincones más temibles del inframundo. Solo aquel que haya pasado los 5
castigos podrá pararse sin miedo frente a ti. Solo
él podrá diezmar a tus legiones y solo él supondrá un peligro para tus planes.
Sin embargo, deberás cruzar el mismísimo infierno, y deberás pagar un precio
que muchos considerarían alto. Perderás la poca humanidad que aún conservas y
créeme, sufrirás más de lo que piensas.
-
Hablas demasiado para ser un demonio, ¿No te lo habían dicho? Simplemente
llévame allí. No hay precio
que no esté dispuesto a pagar, si con ello logro librar al mundo de esta
asquerosa plaga que llaman "ser humano" con gusto pagaré. Ahora,
calla bestia y condúceme a aquel infierno del que tanto me adviertes.
El
demonio rió, con una enorme carcajada que habrá hecho llorar a más de un niño,
y dijo:
-
Bien, veo que tu determinación es tan grande como tu ego, salta pues, sobre
este charco de sangre y que comience el show.
Continúa caminando
La melancolía no suele pedirle permiso
cuando le llegan las ganas de destrozarlo. Ya no se inmuta, se acostumbró al
dolor de saberse solo en un mar de concreto con tiburones de acero. Sin saber
porqué gira su ya cansada vista hacia lo que el cree es el horizonte ¿Cúantas
noches habrá pasado mirando en esa dirección? Esperando que alguna luz ilumine
su rostro y le haga olvidar el peso que lleva consigo. Ya poco importa, está
cansado hasta de victimizarse, de culpar al mundo y a las insensibles bestias
que caminan sobre el. Esta vez simplemente respira hondo, cierra los ojos y
emprende su marcha. En algún momento se preguntó hacia donde se dirigía, más no
encontró una respuesta. Las mentes más trilladas dirían que escapa de sus
problemas, pero eso solo lo hacen aquellos que tienen esperanza y el no
pertenece a esa estirpe. Es de los que llevan tan arraigados sus dolores que
naturalmente los soportan, sabe que no tiene otra opción. Pues en este mundo de
mentes egoístas resulta victima aquel que demuestra algo de humanidad. Recuerda
antiguos amores, revuelve la olla de sus escasos bellos recuerdos intentando
encontrar una sonrisa, aún sabiendo que eso es casi imposible.
Ya no encontrará formas de mitigar aquel fuego que de a poco consume su
existencia, ya perderá aquella cordura que tantas veces le agarró la mano, ya
no intenta sofocar sus gritos pues estos simplemente no tienen voz. Y así el
eterno caminante continuará, poniendo un pie delante del otro, con la vaga
esperanza en su alma de que su próximo paso lo encuentre con uno de esos seres
que con un abrazo apagan cualquier llama. Después de todo, lo único que al fin
recuerda es como caminar.
No te rindas
La luna se mantiene en su lugar pero por alguna razón pareciese que crece.
Aumenta su tamaño, a medida que mi cabeza se llena de preocupaciones y
frustraciones, ella crece. Se alimenta de mi tristeza, de mis sueños rotos, de
aquellos amores que jamás fueron, ella crece. Me tomó algo de tiempo darme
cuenta pero ella crece porque yo me desvanezco. Jamás pude escribir cosas
alegres, jamás pude plasmar aquella parte de mi que aún sonrie. Solo lágrimas
de tinta y gritos escritos abundan en mis textos. Se adueñan de todo aquello
que sale de mi mente y aquél que me lea sin conocerme sabrá del dolor que me
aflige. Pero es tan difícil crear un universo repleto de risas y gozo cuando en
este cielo se alzan nubarrones cargados de lluvia. No hay más que explicar ya,
jamás lo hubo. Quisiera preguntarle a esta brisa que roza mi cara todo aquello
que nunca me supe responder ¿Por qué sigo buscando? ¿Qué estoy
buscando? Tanta
intriga destroza cualquier alma, es imposible encontrar la respuesta cuando no
sabes la pregunta. Vago en el desierto que yo mismo creé, rodeado de mis
creaciones que sufren igual que su tonto creador.
Crear, es lo único que queda por hacer, crear y aguantar. Crear lo que sea,
donde sea, como sea. No preguntar qué es ni que significa. No fijarse en
detalles, simplemente descargar este espíritu en papel, virtualmente, como sea.
No esperes más iluso, la respuesta debe estar allí afuera, junto con la
pregunta. Por última vez pedile a la vida otro trago, tomalo con calma, nadie
te apura, solo vos. No intentes mirar atrás, nadie te recuerda, nadie te
reconoce, solo vos. Más cada recuerdo que forma parte de tus pilares se
desvanecen y allí quedás, indefenso, a la deriva.
Yo te vi crecer, te vi ganar y te vi perder, más que nada perder. Te vi llorar,
te vi reir, sobre todo llorar. Te vi gritar y te vi abrazar. Yo y solo yo te
acompañé a cada paso y solo yo te acompañaré a tu última cena. No desperdicies
lágrimas en seres que no te recuerdan, pues nadie muere acompañado. Esta vez te
tomo la mano, porque soy el único que sabe realmente lo que sufriste, y te
levanto. Estás lleno de tierra, cansado de caerte y con una lágrima de niño de
diez años, me resulta imposible verte y no querer llorar contigo.
Pero no me reconoces, a mi, a quien jamás te abandonó a pesar de todo, me mirás
asustado, como si fuera a hacerte daño. Ya no diferencias una caricia de una
patada, y eso me produce odio. Odio con el mundo, que no supo darte nada, odio
con los que te rodean, que a pesar de simular no pueden ocultar que para ellos
sos completamente prescindible. Y todavía no me reconoces. Soy YO, soy vos mismo, soy la parte de tu
alma que se rehúsa a darse por vencido. Incontables veces te he levantado,
demasiadas te he abrazado para que no colapses. Soy aquel fragmento de tu ser
que todavía quiere vivir. Una vez más te tomo de la mano y te digo: NO
TE RINDAS, TODAVÍA QUEDA MUCHO CAMINO POR RECORRER.
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