jueves, 14 de agosto de 2014

El cielo...

  No soportó mirar atrás, no toleraba ver el llanto de amigos, de familia ni de nadie, solo sabía que iba a hacer lo necesario para terminar con esta agonía. Lo tildarían de cobarde, llorarían por él, lo odiarían por tomar la decisión que tomó pero sabía que solo duraría un tiempo, que luego se olvidarían de él. Eso lo tranquilizaba un poco, saber que por primera vez en su vida tenía el control sobre sí mismo. No cometería el mismo error dos veces, esta vez no habría despedida, no crearía la posibilidad de que alguien interviniera en los acontecimientos que iban a suceder. Lo hizo, cometió el pecado máximo, atentó contra lo único que no le habían podido quitar. Atrás dejó las noches de llanto, el dolor de seguir esperando que alguien lo oyera, la inmensa pena de comprobar que se encontraba solo en este mundo.
  Cuando abrió los ojos se encontró rodeado de un inmenso vacío, de un silencio inquebrantable, al parecer, nada era como lo habían descrito. Ni llamaradas quemando a las almas en pena, ni un cielo para que aquellos que se ganaron el paraíso disfrutasen de la eterna dicha, solo el silencio. Sintió que lo observaban, que alguien clavaba intensamente su mirada en él. Volteó para todos lados buscando el origen de esta sensación pero no encontró nada. Decidió simplemente recostarse y pensar, pero esto no duró mucho. A su lado apareció una mujer, un vestido blanco de suaves telas cubría su delgada silueta, poseía cabellos y ojos negros como la más cerrada de las noches y una sonrisa que inspiraba paz. Acarició con amor la mejilla del joven, esto provocó que sin darse cuenta, el comenzara a llorar. No sabía porque ni podía hacer nada para impedirlo, solo lloraba. La joven se recostó al lado del joven y lo abrazó. Él no lo podía creer, por primera vez en muchísimo tiempo sintió que alguien lo comprendía. De miles de maneras había intentado, infructuosamente, explicarle su malestar a la gente. Siempre obtenía las mismas respuestas, nada lo contentaba. Sin embargo, esta mujer, una perfecta desconocida, había logrado llenar su alma de felicidad y a pesar de que él ya había olvidado como se sentía ser feliz, entendió que esta era la eternidad que había estado buscando. Entendió que mientras esa mujer estuviera allí para secar su llanto, para abrazarlo y recordarle que no estaba solo, todo estaría perfectamente bien. 
  De pronto, todo comenzó a temblar, sintió que su pecho se agitaba bruscamente, comenzó a elevarse como por arte de magia. Vió como la mujer se incorporaba para saludarlo delicadamente con la mano, mientras una lágrima caía de su delicado rostro. El joven comenzó a gritar de odio, intentó safarse de aquella misteriosa fuerza que lo separaba de la única persona que había podido llenar su ser de paz y calma. Luchó todo lo que pudo, pero fue inútil.
  Cuando pudo despertar, notó que no se encontraba más en aquel lugar rodeado de un silencio absoluto, la mujer ya no estaba allí y lo que vió, lo lleno de odio y horror. Se encontró en lo que parecía ser una camilla, rodeado de médicos que festejaban porque habían logrado revivirlo. Un respirador le dificultaba hablar. Se dió cuenta de que otra vez, había fallado, de que alguna cruel voluntad había decidido que el siguiera viviendo. Con odio e impotencia lanzó un grito que resonó en todo el hospital, los médicos perplejos lo observaban como intentando entender el porqué de la furia del atormentado joven.
  Así es, una vez más, lo habían detenido. Una vez más habían evitado que el acabara con su sufrimiento, sin malas intenciones obviamente, pero le habían quitado el único momento de felicidad que había experimentado luego de tanto tiempo. 


  Las decisiones que tomamos pueden no ser las mejores, pero las tomamos porque intentamos llenar nuestra alma de lo que todos llaman felicidad. Aunque quizás nadie lo entienda, para algunas personas, el cielo no es aquel paraíso en el cual vivir en paz toda la eternidad. Para algunos, el cielo se encuentra en aquella persona que sepa susurrarnos al oído que no estamos solos.


No me supe responder

 Tuve la mala suerte de encontrarme en un bar de mis sueños. Me intenté evitar pero no pude fingirme. Acompañado de un café comencé a charlar, después de todo, si el resto del mundo me ignora, al menos yo me escucharé. 
 Me pregunté a mi mismo porqué nunca puedo dejar ir las cosas, no me supe responder.
 Me pregunté porqué sufro por cosas que la mayoría ignora, miré hacia afuera y no me supe responder.
 Con un poco más de impaciencia en la voz me pregunté porqué mis malditos principios morales me frenan constantemente y me impiden crecer como persona, con ojos llorosos sacudí la cabeza en señal de negación, tampoco tenía una respuesta para eso.
 Ya casi iracundo me pregunté a mi mismo porque no me permitía ser feliz, respiré hondo y me pedí perdón por no tener una respuesta a eso tampoco.
 Decidí levantarme e irme, después de todo, prefiero estar solo que acompañado de mi mismo. Comencé a caminar, una tenue lluvia salpicaba mi cara, la noche comenzaba a caer mientras la música una vez más mitigaba un poco las preguntas que no me supe responder.
 Sentí que jamás hallaría una respuesta a todas mis interrogantes, decidí a acostumbrarme a que siempre me falten cinco para el peso. Pero entonces lo recordé, me había dado todas las respuestas sin saberlo. Lo entendí, no tengo control sobre las mayores interrogantes de mi alma, jamás las tendré, porque solo se vivir con la intriga. Jamás supe que hacer con una respuesta, quizás sea porque soy de esas personas que necesitan saber que hay algo más allá afuera, que la vida no puede ser tan simple. Lo único que lamento es jamás poder compartir este sentimiento en el cual intento encontrar la última pieza del rompecabezas de mi ser, nadie jamás podrá terminar de comprender que si bien el no saber me destruye, más me destruiría tener las respuesta porqué, sinceramente, sé que las respuestas no me van a gustar.

Quizás, solo quizás, hubiese sido mejor no haberme cruzado, puedo fingir que disfruto la compañía de muchas personas, pero jamás voy a poder fingirme a mi mismo, ni ahora, ni nunca, estoy ligado a serme sincero y decirme cada vez que me encuentre: esto es todo lo que hay para vos.


Bienvenido...

  Este es el castigo final, al menos eso parece. No creo haber terminado aquí por mera casualidad. Todo esto parece tan familiar, sin embargo, estoy seguro de que jamás había estado aquí. Este tétrico lugar parece haber surgido de mis peores pesadillas, de los pensamientos más mórbidos que juré ocultar en lo profundo de mi ser. 
  Tengo miedo, sé que cosas horribles me esperan allí afuera, que estoy destinado a vagar en este infierno el resto de lo que seguro será una angustiada y corta vida. Pero ¿Por qué? ¿Qué es lo que hice para merecer semejante tortura? Créanme que cada imagen que mi ojos analizan esta plagada de sangre, cuerpos muertos, seres que sobrepasan la más podrida de las imaginaciones. Créanme, que si tal lugar como el infierno existe, este lugar lo ridiculiza. No hay salida ¿Sabes por qué? Porque no se puede escapar de los demonios interiores. Me llevó tiempo comprenderlo pero este lugar, este pueblo maldito no me dejará ir. No a menos que termine lo que vine a hacer. No abandonaré esta pesadilla hasta haber solucionado todos mis asuntos pendientes. Pero ahora, antes de que me juzguen, les haré una pregunta: ¿Tienes idea de lo que se siente atravesar TODOS y CADA UNO de los traumas, de los miedos, de los sufrimientos que juraste nunca sacar a la luz, uno tras otro? ¿Sabes acaso, como sería si estos traumas cobraran la forma de criaturas tan horrorosas que hasta los más experimentados escritores de horror tendrían problemas para imaginar? y ¿Te imaginas, además, de lo que se sentiría hacer todo esto, COMPLETAMENTE SOLO?
  Esta ciudad es una entidad, es algo con vida, cambiante, pero lo peor de todo, es una entidad MACABRA. Quiero volverme loco, quiere que pierda la cordura, y sinceramente,LO ESTÁ LOGRANDO. Todas las paredes están ensangrentadas o cubiertas de cuerpos humanos y animales. Voces de niños llorando desesperadamente, gente gritando por ayuda, almas en pena que, COMO YO, alguna vez fueron prisioneros de esta ciudad. 
  Bueno, debo seguir esta terrible travesía, debo seguir adentrándome en las calles de este lugar que son a su vez, los rincones más oscuros de mi perturbada mente. Si alguna vez lees esto, hay dos posibilidades: o sobreviví y abandoné este pútrido lugar hecho una mejor persona, con mi mente en paz o...no lo hice. Si ese es el caso, no me queda más que convertirme en otro de los temores que atacaran tu mente. Si eso sucede, por favor no lo tomes a mal, la ciudad necesita alimentarse de tu dolor

  Ah! Ya me estaba olvidando, pero mira que descortés que puedo ser...BIENVENIDO A SILENT HILL.

El portador de lágrimas pt. 2

Brice se arrepentía mucho de haber profundizado en la investigación sobre sus pesadillas. Esa última frase había helado por completo su ser. En su mente no paraba de repetirse "pareciese que les hubiesen extraído el alma del cuerpo." ¿Cómo era eso posible? ¿Acaso alguien podía asesinar personas simplemente extrayéndoles el alma? ¿Quién poseía tal nivel de sadismo como para destrozar los cadáveres de sus víctimas con tanto odio aún después de muertas? 
Estas preguntas lo atormentaron durante todo el día. Podía sentir que había algún tipo de conexión entre sus pesadillas y aquellos horribles asesinatos, pero por más vueltas que le dió al asunto no pudo sacar ninguna conclusión. Anochecía y el terror se apoderaba del joven. No quería dormir, el simple hecho de pensar en ser testigo de otro de aquellos mórbidos asesinatos lo impulsó a recurrir a todo cuanto encontró para no caer dormido. Bebió más café que en toda su vida, intentó entretenerse mirando televisión, jugando videojuegos, leyendo, pero a pesar de todos sus esfuerzos, al haber tenido un duro día de trabajo, cayó dormido.
  Se encontró en lo que le pareció un claro de un bosque. La vista a decir verdad era tranquilizadora, sentía como la brisa le rozaba las mejillas y ver los árboles movidos suavemente por el viento lo calmaba. Pero de pronto algo lo perturbó. Del otro lado del claro del bosque, una sombra permanecía inmóvil, estática, oculta entre los árboles. Brice no podía terminar de apreciar de quien se trataba o qué era, pero sabía que lo observaba. La figura permanecía absolutamente quieta, cosa que despertó un pánico inmenso en él. Con la voz quebrada por el miedo el joven gritó:
-¿Quién eres? ¿Qué es lo que quieres?
La sombra comenzó a caminar lentamente hacia él, con paso firme. Si bien la distancia que los separaba no era poca, Brice sabía que era inútil intentar escapar, algo le decía que estaba a merced de aquella figura que ya se encontraba a pocos pasos de el.
- No temas humano- dijo con voz masculina y profunda la figura.- Me he manifestado en tus sueños para advertirte.
-¿Advertirme sobre qué?- Preguntó un poco más pasivo, la voz grave y penetrante de aquél ser había logrado de alguna forma calmarlo un poco.
- Sobre los horrores que se avecinan para este, tu mundo. En estos instantes, mientras nosotros tenemos esta conversación, EL avanza. Intenta cumplir el requisito necesario para poder dominarlo todo. No se detendrá ante nada y eliminará a todo aquel que se interponga entre el y su objetivo.
- ¿Q-quién? ¿De qué me estás hablando? No alcanzo a comprender.- Dijo Brice atónito por lo que aquella figura acababa de decirle.
- Aquel que se disfraza de humano. Se mezcla entre los de tu especie, simulando ser uno más, pero no lo es. Su alma está podrida, repleta de odio, de maldad. Posee un alma digna del rey de los demonios y por eso mismo, ha sido elegido para traer el fin a este mundo de la manera más cruel y violenta posible. Pero me estoy adelantando, comenzaré de nuevo.
- Por favor, sinceramente no entiendo nada de lo que me dices aún.
- Verás "Brice", ¿Ese es tu nombre no es cierto humano?
- S-si... me llamo así.- Titubeó.
- De acuerdo, te llamaré así de ahora en adelante. Brice, el mundo de los humanos no es más que una pequeñísima parte de los universos y realidades que existen. Ustedes son frágiles, su vida no es más que un simple suspiro para seres como nosotros que vivimos desde el origen del universo. Hoy en día nos conocen con nombres que no llegan a abarcar en lo absoluto nuestras capacidades o nuestro poder. ¿Has notado que utilicé la palabra demonio antes? Lo he hecho solo para expresarme en términos que tú y tu simple mente humana puedan entender. Pero en algo han acertado al describirnos: estamos en guerra desde tiempos ancestrales. Nos hemos visto divididos en dos bandos, luchando hasta el fin de los tiempos. Esta guerra ha causado desastres en su mundo, desde antes de que ustedes los humanos tuvieran conciencia de su existencia. Estos dos bandos están conformados por aquellos que apoyan el pensamiento de todas las dimensiones deben convivir "pacíficamente" por así decirlo, sin perturbarse unas a otras, y aquellos que pretenden alzarse por sobre todas las realidades y dimensiones y así imponer su propio orden. Este último bando podría ser considerado el de los que ustedes llaman "demonios". Seres carentes de cualquier compasión, impulsados por el odio, por la violencia, por el caos total, por la visión de este y todos los mundos desolados y a su merced. Pretenden desencadenar el caos en este y todos los universos, acabar con cualquiera que se les oponga y gobernar según su propio credo. 
- ¿A qué bando perteneces tú?- Preguntó Brice, atemorizado por todo lo que estaba oyendo por parte de aquel ser.
- Yo pertenezco al otro bando. Creo que nuestras realidades deben coexistir sin problemas, acepto mi posición en el orden universal y no pretendo más que eso. Sin embargo aquí me ves, a pesar de que no apoyo el cruce entre universos, debí traicionar mis principios para poder advertirte. Tan grande es la dimensión de esta amenaza que me he visto obligado a manifestarme en este mundo. Yo, un ser inmortal, dentro del sueño de un mero humano, que irónico.
- Hay algo que no alcanzo a comprender. ¿Qué papel juego yo en esto? No entiendo como siendo tan poderosos deben recurrir a mi, no soy más que un hombre y no sé más sobre este asunto que lo que tú me acabas de contar.
- Tranquilo, hay una explicación para esto. El mundo de los humanos, a pesar de ser tan frágil e insignificante a ojos de seres como nosotros, contiene el portal hacia todos los demás universos. En alguna parte de este planeta se encuentra un lugar que permitirá a los demonios a manifestarse en todas las dimensiones. Actualmente no pueden hacerlo, les guste a ellos o no, hay fuerzas aún más grandes y antiguas que nosotros que establecieron que los universos no interactuen entre sí. Se colocaron barreras entre ellos para que no entraran en contacto y se produzca el caos. Pero por razones que aún no logro comprender, estas barreras están ahora debilitadas, lo que le ha permitido a algunos demonios proyectarse en tu mundo. Del mismo modo esto me ha permitido a mi manifestarme en tus sueños. Al encontrarse el portal en el mundo humano, nosotros no podemos intervenir con libertad, así como los demonios tampoco pueden. Por esta misma razón han elegido al ser humano más maligno, más corrompido, más repleto de odio, más parecido a ellos para que encuentre y abra el portal por ellos. Le entregaran poderes que no puedes ni imaginar para llevar a cabo esta labor, pero para hacer esto hay una serie de requisitos que este individuo debe seguir.
- ¿Qué requisitos?- Pregunto el jóven.
 En ese momento el claro que hasta entonces había permanecido relativamente calmado comenzó a agitarse violentamente. Nubes tormentosas se alzaban en el cielo, los árboles comenzaron a sacudirse violentamente.
- Se me acaba el tiempo, trataré de ser lo más breve posible Brice, ya habrá más tiempo para explicaciones. El elegido por los demonios debe superar un antiguo ritual para descender a los infiernos y obtener el poder del mismísimo rey de los demonios. Este ritual consiste en asesinar 30 humanos que en otros tiempos defendieron el orden universal durante la guerra de Ophey. Una de estas 30 personas guarda un amuleto que le permitirá acceder a el y solo a el al inframundo y desafiar al rey. Tu objetivo es impedir que lo logre, no dejes que complete sus 30 asesinatos, no quiero ni imaginarme lo que podría hacer si tuviera bajo su poder a miles de legiones de demonios. 
- ¿¡Y cómo esperas que lo detenga?! ¡No tengo ni puta idea de lo que está sucediendo!- Gritó enfurecido Brice, su mente apenas podía aceptar lo que este ser le estaba diciendo y ahora se esperaba que el detuviera a alguien de quien no tenía ninguna información, sin saber como, eso lo desesperaba.
- Lo siento, a pesar de tu enojo se me ha acabado el tiempo, busca a Erothos, es un fiel servidor nuestro desde hace mucho tiempo, el terminará de informarte. Ya volveremos a vernos Brice, en estos momentos dependemos casi exclusivamente de ti. Sé que es un gran peso para un simple humano, pero algo me dice...que tú no eres tan ordinario como crees.
- ¡Espera maldición! ¡Tengo demasiadas preguntas aún!
  En vano fueron los gritos del pobre Brice, la sombra se desvaneció en el aire a la vez que una violenta tormenta se desataba en aquel bosque producto de la mente del joven.


El portador de lágrimas pt.1

  Otra vez despertaba sudado, agitado, con un grito sofocado en su garganta. Ya estaba cansado. Cada vez más seguido le ocurría esto. Tenía horrendas pesadillas que le perturbaban el sueño. La medicación que le habían recetado cada vez le hacía menos efecto. Estaba exhausto, como cualquiera lo estaría al tener tan poco descanso como él. Pero esto, fuera de ser un simple trastorno del sueño, parecía ocultar algún tipo de mensaje. En sus pesadillas, aparecía en el cuerpo de otra persona, un joven, como él, de unos veinte y tantos años. Vestía con un traje de impecable negro y caminaba con una elegancia digna de cualquier aristócrata europeo. Ese no era él mismo, lo sabía. Estaba atrapado en el cuerpo de alguien más en aquellas pesadillas, pero esto era solo la menor de sus preocupaciones. En estas pesadillas, él, o aquel joven, caminaba a través de edificios abandonados, de lugares en los que se respiraba tristeza y soledad, sin detenerse. Parecía estar buscando algo. A veces, se cruzaba con indigentes que habitaban estos edificios aparentemente vacíos y es aquí donde sus pesadillas comienzan a tornarse perturbadoras. 
  Este joven, en el cual habitaba durante sus sueños, no tenía ningún reparo en asesinar a sangre fría a cualquier persona que se cruzara en su todavía indefinida búsqueda. Irritado, seguramente por no hallar lo que esperaba, asesinaba a golpes a quien no le diera las respuestas que necesitaba. Asesinaba, sin compasión, sin dudarlo, como si de un experto asesino se tratara. Con un sadismo increíble, casi parecía que lo necesitaba, como si la muerte de estas personas saciara un poco aquella ansiedad que no podía calmar con nada, excepto encontrando lo que sea que estuviese buscando.
  Esto no hacía más que inquietarlo aún más: ¿Por qué soñaba aquellas terribles cosas? ¿Qué significado tenían estas pesadillas? ¿Quién era aquella persona de la cual el tomaba posesión en sus sueños? y sobre todo ¿Qué es lo que buscaba con tanta desesperación? 
  Estas interrogantes rondaban en su cabeza todo el día, su rendimiento en el trabajo se veía afectado por la falta de sueño, más todo su entorno social parecía notar que algo no andaba bien. La fatiga ya se había esparcido en todos los aspectos de su vida. Cansado, intentó encontrar respuestas. Buscó en Internet informes policiales que le confirmaran o negaran la realidad de los asesinatos que presenciaba en sueños. Tenía la esperanza de que no fueran nada más que eso, sueños, horribles y mórbidos, pero sueños al fin. Sin embargo, algo dentro suyo le decía que no tendría esa suerte, que algo más se ocultaba detrás de estos terribles presagios, y así fue.
  Encontró varios informes que daban cuenta de un gran número de victimas, unas 8 hasta ahora, todos vagabundos e indigentes, gente a la que nadie lloraría. Todas las victimas habitaban en antiguos edificios abandonados y habían sido asesinadas presuntamente durante la noche. Esto inquietó al protagonista de nuestra historia, de manera tal que por su cabeza cruzó la idea de dejar toda esta búsqueda e intentar conseguir algún tipo de medicación extremadamente fuerte o algo por el estilo. Sin embargo, vio una última coincidencia en todas estas victimas, una que le heló el alma. Si bien todas las escenas del crimen se encontraban repletas de sangre de las victimas y el cuerpo de las mismas se encontraba siempre destrozado e incluso a veces desmembrado, estas atrocidades se habían cometido post-mortem o sea, después de que la víctima muriera. Un artículo de un diario local citaba: "Las victimas se encontraban ya muertas cuando se realizaron estos atroces actos a sus cadáveres. La policía forense no ha podido determinar la causa de muerte de dichas victimas, pareciese que les hubiesen extraído el alma del cuerpo."


Macábro viaje por una mente perturbada pt.2

  Argo era el nombre que vagamente recordaba como suyo. Ese era su nombre humano, curioso, pero suyo. O eso creía al menos. De todos modos eso ya no importaba. Hacía tiempo se había desprendido de casi todo lo que significaba ser un humano, detestaba esa condición. Ahora se embarcaba junto a aquel tenebroso guía a las profundidades de lo que parecía ser un hospital abandonado. Su sangre, por alguna razón, hervía de violencia y morbo. Nunca se había considerado uno más del montón, siempre creyó que algo lo diferenciaba de aquella asquerosa raza que durante lo que pareció ser toda su vida, detestó.
  Quizás para comprender un poco mejor a este peculiar ejemplar deba explayarme un poco sobre su condición mental. Estamos tratando con lo que por fuera no sería más que un simple joven de unos veinte y tantos años, cabello oscuro, delgado, rasgos comunes, salvo por una pequeña marca, una cicatriz que se ubicaba debajo de su ojo izquierdo. Nunca ha contado el porqué de esta marca que, con forma de medialuna contorneaba su ojo. 
  Hasta aquí su descripción física, ya que lo que realmente merece destacarse se oculta bajo la piel blanca de este "joven" de aspecto casi ordinario. De niño fue víctima de multitud de abusos. Su padre, un alcohólico no violento solía pasar la mayor parte del tiempo trabajando para mantenerlos tanto a el como a su hermana y a su madre, y su tiempo libre lo ocupaba en bares, bebiendo hasta entrada la mañana escapando vaya a saber uno de qué fantasmas. Su madre, infeliz con un esposo ausente la mayor parte del tiempo, solía desquitarse con Argo y su hermana, Etelia. Golpeaba a ambos con cinturones, escobas, zapatillas, cualquier cosa que tuviera a su alcance, procurando no dejar marcas visibles para no tener problemas con las autoridades. Argo solía llevarse la mayor parte de los castigos, ya que se interponía ferozmente entre su madre y Etelia siempre que ella se proponía tocar a su hermana. Varias veces intentó hacerle ver a su padre la magnitud de los castigos a los que tanto el como su hermana menor eran expuestos mientras el se embriagaba en aquellos antros de mala muerte. Su padre, asqueado de vivir, lo miraba con desdén mientras prometía solucionar el problema. Discutió algunas veces con la madre de Argo pero esto solo empeoraba las cosas, dado que cuando el padre iba a trabajar la madre repleta de ira atacaba a los niños por haberla acusado.
  Vaya vida para estos hermanos, ninguna familia es perfecta dicen, y Argo lo tenía bien grabado en la piel. Pero un día, ocurrió el hecho que convirtió a este niño en el alma sedienta de odio y dolor que es ahora. Etelia murió a causa de una de las golpizas de su madre, mientras Argo estaba en el colegio. Al regresar, el infante encontró a su madre intentando ocultar el cuerpo de su hermana en una bolsa de basura. Sin pensarlo, el niño, preso de una furia asesina se abalanzó hacia el cuello de su madre, la apretó con una fuerza inhumana, al punto tal de que la madre cayó tendida al suelo dando manotazos para quitarse aquella diminuta pero imparable bestia de encima. Cuando estaba por terminar su labor, apareció la policía, alertada por los vecinos sobre los gritos de la niña un rato antes. Se necesitaron 2 oficiales robustos para separar a Argo de su madre, que a pesar de los esfuerzos de este para acabar con su vida, sobrevivió. 
  Lo que siguió no era sorpresa para nadie, su padre al caer en la cuenta de lo sucedido cayó en una depresión profunda y se suicidó de un disparo a la cabeza días después de lo ocurrido. Completamente abandonado, Argo se vió obligado a pasar su infancia y adolescencia en instituciones mentales, centros comunitarios y albergues transitorios. Nada parecía afectarle, pasaba la mayor parte del tiempo con su mirada perdida, evitando el contacto con los demás, hablando solo cuando era estríctamente necesario, estaba muerto en vida. Su humanidad ya era casi inexistente, a menudo tenía conflictos con los demás niños. En una ocasión, para vengarse de un matón que solía acosarlo y burlarse de la muerte de su hermana, se escabulló en la cocina del albergue, esperó a la hora de la comida y cuando se encendieron las ollas y sartenes bañó en aceite hirviendo al desgraciado, produciendole quemaduras en todo el cuerpo y dejándolo al borde de la muerte. 
  Era un caso perdido, destinado seguramente a una vida de delitos, hasta que un día, como por arte de magia, un misterioso ser apareció ante él una lluviosa noche de verano.
  -Es hermosa ¿No es así? La lluvia- dijo con voz templada el ser.
  Argo se limitó a sobresaltarse un poco, observó a la criatura, rodeada de un aura oscura, y continuó observando la lluvia.
  -No me ignores niño, pues estoy aquí para hacerte saber que lo que tanto buscas es posible.-
  -¿Cómo sabés lo que busco? Dudo que sepas siquiera mi nombre, lárgate bestia, no hay nada para ti aquí.- Dijo el niño irritado porque habían perturbado su concentración.
  -Que estupideces dices, Argo. Eres el elegido, me han enviado estrictamente en tu búsqueda, en busca de aquel que anhela sembrar el dolor y la desesperación entre los hombres.
  -Has captado mi interés, continúa.-
  -Por ahora solo vengo a advertirte, eres muy joven aún. Pero cuando el momento llegue deberás tomar una decisión. Hay mucho potencial en tu alma repleta de desesperación, tanto es así que el mismísimo general del Sexto Regimiento de las Bestias ha posado su ojo en ti. Si lo que realmente buscas es la destrucción de la raza humana, nos veremos en unos años, cuando hayas madurado, y te guiaré hasta lo más profundo del averno.
  -Si tanto sabes sobre mi, ya deberás saber cual es mi respuesta.- Dijo Argo con tono sarcástico.
  -Que pedante eres niño, eso me agrada. Nos vemos en unos años.- 

  Acto seguido la bestia se esfumó tan pronto como había aparecido y dejó al joven Argo fantaseando con un mundo sumido en gritos, fuego, dolor y sufrimiento. Y con una sonrisa dibujada en su inmutable rostro. 

Macabro viaje por una mente perturbada pt. 1

 Desde las alturas, en aquél desolado balcón, observaba la calle. Aquella gran avenida por la cual a diario transitaban miles de personas, sin siquiera notar su presencia. Allí pasaba las noches, llenando su corazón de odio, su mente de pensamientos aterradores, porque después de todo, solo deseaba ver sufrir a aquellas personas. No es que le hubiesen hecho nada particularmente malo, simplemente los odiaba. 
  Odiaba al ser humano, desde aquellas personas que le resultaban completamente desconocidas, pasando por su familia y conocidos, para terminar con él mismo. Desde que tiene memoria ha sido obligado a vivir en un mundo en el cual no encuentra lugar. Fingiendo sonrisas, conteniendo impulsos asesinos, ese era su día a día. Pero esa noche, había algo distinto. Una tensión capaz de crispar los cabellos de cualquiera se camuflaba en el aire. Como si algo fuese a pasar, algo o alguien.
  Una sombra comenzó a tomar forma detrás suyo, una forma similar a la de un humano, pero a su vez, mucho más tétrica. Parecía ser que a el no lo sorprendía esta figura que tan amenazante se posaba a sus espaldas, sino que, parecía haberla estado esperando.
-Tardaste más de lo que habíamos acordado.- Dijo él con un tono de disgusto.
-No me culpes, tenía que atender algunos asuntos antes de comenzar con este pequeño show.- Respondió la sombra, a la vez que en su horrible rostro se dibujaba una ligera sonrisa con tintes macabros.
 A continuación, la figura cortó la palma de su mano, con una de las afiladas uñas (o garras) que anunciaban el final de sus extremidades, dejando caer al suelo pequeñas gotas de sangre que formaban un pequeño charco. La sangre siguió cayendo de su mano, a la vez que ambos, tanto aquel decidido espectador de la humanidad como aquella silueta no se quitaban la mirada de encima, como si los dos estuvieran esperando que el otro hiciera algún movimiento.
 Una vez el suelo se vio repleto de sangre, el oscuro intérprete prosiguió diciendo:
- Tú, que te has hastiado del ser humano. Tú, el que se cansó de odiar a esta patética especie sin poder hacer nada significativo en su contra. Tú, que no temes entregarte a la maldad, serás recompensado. Se te otorgará el poder de las tinieblas, un poder con el cual las personas normales ni siquiera se atreverían a soñar. Serás el portador de una oscuridad capaz de arrasar ciudades enteras y reducirlas a cenizas. Serás el señor de las bestias, de los demonios que habitan los rincones más temibles del inframundo. Solo aquel que haya pasado los 5 castigos podrá pararse sin miedo frente a ti. Solo él podrá diezmar a tus legiones y solo él supondrá un peligro para tus planes. Sin embargo, deberás cruzar el mismísimo infierno, y deberás pagar un precio que muchos considerarían alto. Perderás la poca humanidad que aún conservas y créeme, sufrirás más de lo que piensas.
- Hablas demasiado para ser un demonio, ¿No te lo habían dicho? Simplemente llévame allí. No hay precio que no esté dispuesto a pagar, si con ello logro librar al mundo de esta asquerosa plaga que llaman "ser humano" con gusto pagaré. Ahora, calla bestia y condúceme a aquel infierno del que tanto me adviertes.
 El demonio rió, con una enorme carcajada que habrá hecho llorar a más de un niño, y dijo:

- Bien, veo que tu determinación es tan grande como tu ego, salta pues, sobre este charco de sangre y que comience el show.